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Gestionando el estrés

    Las personas nos sentimos más cómodas teniendo las cosas bajo control, y sobre todo si podemos saber con antelación qué va a suceder. Pero nuestros recursos, nuestras fortalezas se desarrollan y potencian al enfrentarse a nuestros miedos. Por ejemplo, los pacientes crónicos, descubren tras enfrentarse al diagnóstico de su enfermedad, lo “fuertes” que pueden llegar a ser.

 

   La incertidumbre, las esperas, tratar de controlar lo que sucede a nuestro alrededor,… son situaciones que se convierten en estresantes, que nos incomodan, bloquean y alteran, con consecuencias en nuestra salud física, psíquica y emocional. Y, ¿cómo nos afecta a cada uno? ¿cómo reaccionamos ante este tipo de situaciones?  

 

        Aprender a gestionar el estrés o en ocasiones incluso prevenirlo, comprender cómo nos afecta, está en nuestra mano, y puede ser una respuesta óptima para todo lo citado. Confiemos en nuestras capacidades, potenciemos nuestras habilidades, redescubramos nuestros recursos, busquemos nuevas maneras de afrontar las situaciones que nos violentan. Porque podemos aprender  y entrenar estrategias que nos sirvan para el día a día.

Para ello una buena opción es el taller que presentamos a continuación.

 

Últimas plazas!!   Más información 


Taller:  Gestionando el estrés. (2ªEdición).
Modalidad:  Online. Individual. Con acompañamiento profesional.
Fecha:  Del 9 al 18 de mayo.
Precio:  45 euros.
Inscripción:  proyectoacompasados@gmail.com  ó  616.007.985

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Publicado:3 Mayo, 2016 | Comentarios: 0

Tú, Yo y una enfermedad.

 

   Las relaciones sociales son un factor de protección para la salud, en el proceso de las enfermedades y ante situaciones estresantes. Evitan el aislamiento, invitan a compartir, a experimentar, son una fuente de recursos. Somos seres sociales, por lo que las relaciones nos revitalizan y nos permiten desarrollarnos.  Pero cómo afecta la enfermedad a nuestras relaciones. En concreto la relación más íntima, la conyugal. Puede deteriorarse tras el diagnóstico al vivir un bache, un punto de inflexión, que será repetitivo, dependiendo del curso o evolución de la propia enfermedad. La enfermedad trae consigo inseguridades, cambios en la auto-imagen, nervios, sobrecarga emocional, que afectarán a ambos miembros de la pareja. La aceptación y la adaptación, son dos fases que atravesará la pareja de manera conjunta e individualmente.

 

    Cuando pensamos en las consecuencias que implica una dolencia en la pareja, se nos pasa por la cabeza, la separación, las dificultades en la comunicación, el distanciamiento, el cansancio, la desmotivación,… y un largo etcétera. Como evidencia me remito a las últimas opiniones de pacientes del apartado testimonios. Pero  no son las únicas.  Son varias las voces que mencionan “refuerzo de la relación”, mayor unión, alto nivel de comprensión, apoyo o una circunstancia más con la que convive la pareja. Vemos actitudes y vivencias diferentes, formas de convivir individualmente y en pareja con la enfermedad, con mayor o menor aceptación de la misma.

 

      Un estudio de la Universidad lowa (EE.UU), analizó la tasa de divorcios en parejas en las que uno de los cónyuges padecía una enfermedad de gravedad, en comparación con los matrimonios que no tenían ese diagnóstico. Los resultados publicados en la revista Journal of Health and Social Behavior concluyeron que “existe un 6% más de probabilidades de ruptura con respecto a los matrimonios sanos” cuando se realiza el diagnóstico de la enfermedad a la mujer, y no al hombre. Por su parte, no se encontraron diferencias cuando era el hombre el que padecía la dolencia.

 

            Amelia Karraker, principal autora del estudio, asegura que “una enfermedad supone una amenaza para la armonía de una pareja, pero los datos no explican el por qué de estas diferencias”. Un dato que se baraja es la afectación económica que provoca la aparición y posterior mantenimiento de la enfermedad, ya que puede modicificar el nivel de vida de la pareja.

 

     Una relación de esta envergadura necesita alimentarse y desarrollarse. Cómo puede lograrlo: protegiendo la intimidad, comunicásndose abiertamente, compartiendo emociones y sensaciones, informándose sobre las limitaciones y cambios que provocará la enfermedad en sus vidas, y sumando dosis de empatía del uno hacia el otro, reservando tiempo y un espacio para ellos,… (seguro que las personas que han opinado en el último debate podrían aportar más claves o recetas de cosecha propia).  La enfermedad ha llegado a la vida de los dos miembros de la pareja y deberán expresar que supone o ha supuesto. Verbalizarlo no le aporta mayor importancia, ni realidad o crudeza a lo explicado, sino que facilita la comprensión de lo que cada uno siente o experimenta. Ambos necesitan, además, apoyo y cuidados, para el paciente y para su principal apoyo.

 

Tiempo para reír, pero también para llorar, o para no sonreír si no se tienen ganas. Tiempo de afrontamiento, de entendimiento, o de enfado, o de reconciliación, pausa para respirar. Tiempo para estar, para sentir, para dar protagonismo a la pareja y restarselo a la dolencia. Tiempo para nosotros, para mí, para ti.

 

      Así como los pacientes describen cómo se reinventaron como personas, cómo cambiaron sus prioridades, su escala de valores o su filosofía de vida. Todo ello se traduce en relaciones que evolucionan al ritmo de los pacientes y de sus compañer@s, cambiantes, no estáticas y que requieren un mutuo esfuerzo e implicación.

 

Cuando la pareja es más que la suma de tú y yo…

 

Publicado:27 Abril, 2016 | Comentarios: 2

Charla: “Conviviendo con la enfermedad crónica”.

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     El 29 de abril os esperamos en la Charla “Conviviendo con la enfermedad”. Un evento gratuito con entrada libre, aunque pedimos que se confirme la asistencia  en el teléfono 651.053.769.

 

     ¿Es una enfermedad un conjunto de síntomas?, ¿la falta de bienestar? ¿? Debemos  ampliar la definición sumando el testimonio de los pacientes, de sus familias. Este evento es una oportunidad para exponer vivencias, emociones, experiencias o sensaciones con respecto a las enfermedades. Un suma y sigue para entender cómo nos afecta la enfermedad y qué podemos hacer para mejorar nuestra calidad de vida como pacientes.

       ¿Son luchar o huir las únicas salidas para los pacientes? ¿Qué postura debemos adoptar? En ocasiones no nos permitimos estar tristes porque pensamos que de esta manera tiramos la toalla o la enfermedad nos vence. Pero esos momentos son sumamente importantes, pues en nuestro cuerpo debe existir un equilibrio de fuerzas, altibajos que nos ayuden a afrontar las situaciones. Los pacientes tienen derecho a sentirse mal, a comunicarlo, a pedir un poquito de empatía a su alrededor y a la sociedad. (…)

 

Temas que se plantearán en la charla, además de las dudas que planteen los asistentes. Os espero!

Publicado:20 Abril, 2016 | Comentarios: 0

Conviviendo con la enfermedad — Charla-Coloquio

 

      El pasado 8 de abril ofrecimos una charla – coloquio: “Cómo convivir con una enfermedad”. Estos son algunos de los puntos más destacados y comentados. Para tod@s aquellos que no pudisteis asistir vamos a resumirlo.

       Ante todo, dar las gracias a los asistentes, a los participantes y a los intereseados en estos temas de salud.

 

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          El nuevo equipo lo conforman la enfermedad, la persona y su entorno. Y en la confluencia de esos tres puntos debemos estar los profesionales, teniendo en cuenta las múltiples condiciones y/o características que afectan a esas tres áreas y sin perder de vista a las personas, y su padecimiento. La calidad de vida de los pacientes se ve alterada, y el punto de partida es normalizar sentimientos y sensaciones, compartiendo y visibilizando lo que les afecta. Tristeza, enfado, desesperanza, culpa,… son habituales en pacientes crónicos. No son perros verdes, aislados de la sociedad, con cuadros clínicos extraños, son personas que piensan, sienten y deciden, y quieren recobrar el control de sus vidas. Además, en estos momentos sigue en aumento el número de afectados por casuisticas crónicas y cada vez se prolonga por más tiempo la afectación de su enfermedad. Es por ello, que precisan de un mapa, de una guía para saber cómo les va a afectar, en qué áreas de su vida va a haber ajustes. La información implic una mayor adaptación y aceptación de lo que nos sucede.

 

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       Como explicamos a lo largo de la ponencia, la enfermedad supone en sí misma un agente estresante, por lo que las personas desarrollarán respuestas para gestionar o evitar esa situación, En ocasiones, luchar rechazar, negar o evitar son estrategias de afrontamiento muy utilixadas, sobre todo, en períodos iniciales o de crisis, pero no acertadas, pues impide una adecuada convivencia con los síntomas. Por otro lado, estrategias positivas serían la contabilización de ventajas o  la actitud positiva, entre otras.

 

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     Cómo la persona se siente, cómo percibe lo que le sucede, además de sus propias creencias, afectarán en el desarrollo de la enfermedad y en la actitud con la que situarse en su nueva etapa como pacientes. La falta de apoyo, un inadecuado afrontamiento, las creencias paralizantes, u otras causas, pueden provocar nivel de ansiedad elevado y síntomas depresivos o de aislamiento social. Son algunos de los síntomas más destacados en cuadros descritos y cronicidad.

 

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     Por ello, una de las alternativas más beneficiosas en estas ocasiones es el tratamiento psicológico, por sus múltiples beneficios. Lo importante es que la enfermedad sea considerada como una circunstancia en nuestra vida, pero no como protagonista o el centro de atención. Para ello, hay que aceptar la nueva autoimagen, los cambios como consecuencia de la enfermedad en las distintas áreas vitales, desculpabilizar a los pacientes, conforntar la realidad, gestionar el estrés y las emociones, disminuir la carga amenazante de las situaciones vividas, desarrollar una actitud positiva y un posicionamiento activo en nuestro cuidado. (y un largo etcétera).

 

Viviendo unidos, no confrontados. Viviendo en sintonía

con la enfermedad y el estado de salud. Acompasados.

Publicado:12 Abril, 2016 | Comentarios: 0

Charla – Coloquio: “Cómo se convive con una enfermedad”

 

         Desde Proyecto Acompasados os invito a asistir y participar en esta Charla-Coloquio del viernes 8 de abril a las 19 horas, en Santander (Av. Faro 10, sede de la Escuela de ocio y tiempo libre, en el Parque de Mataleñas). Entrada gratuita.

 

             La conviviencia con la enfermedad es un proceso complicado de adaptación a una nueva situación, para los pacientes en primera persona, pero también para los familiares, la pareja o grupo de allegados. ¿Cómo lo viven? ¿Qué necesitan? ¿Qué estrategias de afrontamiento o ayudas de los profesionales pueden mejorar su calidad de vida? Estos temas entre otros serán tratados, además de crearse un espacio para el debate y los testimonios de lo que quieran participar.

 

Os espero!

Más información e inscripciones en proyectoacompasados@gmail.com

 

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Publicado:21 Marzo, 2016 | Comentarios: 0

Viviendo con incertidumbre, el lado oscuro de la esperanza.

 

       Los pacientes crónicos se encuentran ante una situación diaria de duda, de miedo, de temor, de intranquilidad… Se mantienen en una alerta permanente a nuevos síntomas o a la reaparición de antiguos dolores. La sospecha, de un brote emergente, de un paso hacia atrás en la evolución de la enfermedad, es otra nefasta compañera. Hoy vamos a aprender cómo manejarla y algunos de sus efectos. La incertidumbre en nuestras vidas…

 

“La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos 

no se terminan jamás de deshojar”.  Mario Vargas Llosa

 

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      La incertidumbre es la incapacidad de determinar el significado de los hechos relacionados con la enfermedad. La persona no puede categorizar o estructurar los hechos relacionados con la enfermedad por falta de datos. Se suele sentir en situaciones de enfermedades complejas, cuyo curso se define en brotes o no se puede predecir. Dolencias sobre las que falta información o aún están investigando.

                              M. Mishel, 1988.

 

             La incertidumbre  conlleva:  aumento de ansiedad y/o síntomas depresivos, aparición de disfunción sexual, insomnio o fatiga, Disminuye la percepción de control, provoca tensiones en las relaciones familiares y/ laborales y académicas. Provoca sensación de desamparo.  A consecuencia de esta situaciones decae el optimismo y, tanto la actitudes positiva como la motivación, aumenta la sensación de amenazas externas y mina la autoestima. Sin olvidar su especial afectación a allegados, familiares y profesionales, creando tensiones en nuestras relaciones con ellos.

 

¿Es posible que nos afecte en menor medida?

 

  1. – Perteneciendo a grupos de iguales donde compartir experiencias y sensaciones.

  2. – Sumando en afecto, seguridad y aceptación. Potenciando las relaciones interpersonales.

  3. – Recuperando el control a través de actitudes activas y toma de decisiones, como pacientes.

  4. – Controlando los pensamientos negativos. No exagerando los conflictos.

  5. – Buscando ayuda si se necesita.

  6. – Realizando actividades que nos distraigan.

  7. – Recordando nuestras fortalezas, de qué hemos sido capaces en el pasado. Fortaleciendo así la      autoestima.

  8. – Expresando sentimientos, incluyendo la vulnerabilidad, sin juzgarnos a  nosotros mismos o  ser juzgados por los demás. En ocasiones, puede ser necesario compartirlo en un contexto terapéutico y  neutral.

        Un equipo  del área de salud de la Universidad de Michigan, siguió de cerca la experiencia de varios pacientes que iban a ser intervenidos quirúrgicamente. Serían sometidos a  una colostomía. Para algunos sería permanente y para  otros  posiblemente reversible. Así se les informó. Varios meses después de la operación, los pacientes cuya situación era permanente se mostraron más felices que aquellos que pensaban que algún día volverían a su vida anterior. El primer grupo tenía la certeza de lo que iba a suceder y pudo aceptar y afrontar lo que sobrevenía, mientras que el segundo grupo vivió en una incertidumbre a la espera de una promesa, de volver a su “conocida normalidad”. El estudio fue publicado en la revista “Health Psychology”.

 

        Peter A. Usbel, uno de los investigadores del estudio comentó: ” la esperanza es una parte muy importante de la felicidad, pero cuenta con un aspecto negativo. Si la esperanza hace que la gente postergue el seguir adelante con sus vidas, puede interferir con la felicidad”.

 

         Parece, por tanto,  que la incertidumbre frena nuestra capacidad para asimilar y aceptar un hecho  o una situación,  y adaptarnos a ella.

 

¿Tiene la esperanza un lado oscuro?

Publicado:15 Marzo, 2016 | Comentarios: 0

¿Por qué a mí? – Desterrando las culpas.

     Hace unos días, se abrió un debate muy interesante en diferentes grupos de pacientes, y la pregunta abierta que se planteaba “¿por qué a mí?”, parece ser una constante en la vida de muchos pacientes crónicos. Puede haberlo sido en momentos de crisis o en la actualidad, pero todos alguna vez hemos tratado de obtener una respuesta.

 

     Los inicios son momentos confusos, que pueden llegar a desbordarnos emocionalmente, por lo que este tipo de cuestiones nos embriagan de culpa, de duda, de obsesión. Estos interrogantes tienen un riesgo: buscamos respuestas a preguntas imposibles, que nos ponen en un lugar de víctimas, de descontrol sobre nuestra propia vida o planes de futuro. Quedamos atrapados en un bucle mental, de insatisfacción, de culpabilidad, de búsqueda infructuosa… señalándonos como causantes de una enfermedad, muy alejado de la realidad. Es una etapa que muchos pacientes viven, como decíamos antes, en los inicios, en algún momento del camino complicado o, a largo plazo.

 

         La enfermedad es una circunstancia en mi vida, no el centro de atención de cada momento que vivo. Es una acompañante a tener en cuenta, sobre todo para cuidarme al máximo y evitar riesgos, cumplir con el tratamiento y tener la máxima información. Pero vivir en torno a ella, es un peligro, pues nosotros mismos perdemos protagonismo en detrimento de la dolencia. Corremos el peligro de ser acorralados, de aislarnos, sintiendo y experimentando cada instante a través de una lente distorsionada, a través del punto de vista de “soy un enfermo”. En este caso, la culpa o la impotencia pueden agravar este estado, estas sensaciones de incomprensión y victimismo. Y la pregunta “por qué a mí” cobraría una renovada importancia. Vamos a desterrarla poco a poco, pues tiene una función muy negativa, y para ello, lo primero es informarnos.

 

       Cuando los pacientes lanzamos esa pregunta empapada de culpa al aire, denota que en ese momento nuestras expectativas, lo que esperamos del futuro, no es realista y tienen una gran carga negativa. La culpa se asocia con la idea de merecer un catigo, de que alguien nos tiene que reprochar una conducta por algún error cometido y que ha derivado en enfermedad. Una elección o una mala decisión, o haber llevado hábitos poco saludables, cualquier excusa puede indicarnos que ” soy culpable de encontrarme mal”, haciéndonos perder la perspectiva.

 

        La búsqueda de la causa sobre un incidente es algo habitual, y podemos reflexionar al respecto sobre nuestra responsabilidad y actuar en la medida de lo posible para mejorar nuestro cuidado. Pero anclarnos en ese momento y verbalizar en tono de sentencia culpabilizadora, no sólo no ayuda, sino que nos resta energía para centrarnos en lo verdaderamente importante.  “Si no hubiera hecho esto o aquello no habría ocurrido”, “si me hubiera parado a descansar no habría provocado esa enfermedad”… De hecho, la frustración sentida antes este tipo de situaciones puede llevarnos a atribuir erróneamente las causas, las “culpas”, en otros o focalizarlas en mi persona. (Modelo Motivacional de Weiner). Cuando en realidad, nos estamos alejando de nuestro presente, cuidarnos, seguir el tratamiento… es nuestra tarea actual y a la que debemos prestar la mayor de las atenciones.

 

    Para un paciente la información, los cuidados, comprender sus propias emociones en el proceso de la enfermedad, y el afecto de los que le rodean, son grandes factores de protección que ayudan a disipar estas “trampas” con forma dubitativa. Practiquemos pues como pacientes activos, las relaciones, las sensaciones, las actitudes positivas y busquemos nuestro particular ritmo de vida, nuestro paso para vivir, para sentir y experimentar.

 


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Paso a paso, acompasando el ritmo

de la enfermedad, con el nuestro,

con el de la familia…

Publicado:1 Marzo, 2016 | Comentarios: 2

Cuando el cuerpo piensa… Trastornos psicosomáticos.

    Nuestro cuerpo enferma y se producen una serie de reacciones en nuestro organismo, que implica a procesos mentales y fisiológicos. Debemos adaptarnos a esa nueva situación, psicológica y físicamente. Cómo pensamos, la forma de comportarnos ante los demás, y lo que sentimos, conllevan cambios en el estado físico. Y aquí aparecen los trastornos psicosomáticos (T.P).

 

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        Existen diferentes teorías y mucha bibliografía al respecto. Tras varias revisiones y evoluciones a lo largo de la historia, llegamos a lo que son HOY día. Los T.P implican una relación recíproca entre factores psicosociales y biológicos, una interrelación. La presencia de causas emocionales, tanto en el inicio como en el mantenimiento del trastorno, son muy destacadas.

 

Cualquier trastorno físico suele implicar a diferentes niveles, alteraciones psicológicas, y viceversa“. El gran motivo que nos hace no perder de vista estos factores si convivimos con cualquier tipo de enfermedad, evitando diferenciar entre cuerpo y mente, pues están más que unidas en su procesamiento de la dolencia.

 

En el DSM (manual de psiquiatría), los T.P se contemplan como “factores psicológicos que afectan al estado físico o a la condición médica“, en la revisión más actual.

 

Y, ¿Cómo nos afecta?

  1. Alterando el curso de la enfermedad.

  2. Interfiriendo en el tratamiento.

  3. Constituyendo un factor de riesgo adicional.

  4. Precipitando o exacerbando los síntomas, a través de respuestas fisiológicas asociadas al estrés.

Los tipos de factores psicológicos que pueden influirnos, son los siguientes:

  1. Trastorno mental.

  2. Síntomas psicológicos (sin constituir un trastorno, como por ejemplo la ansiedad).

  3. Rasgos de personalidad o estilos de afrontamiento.

  4. Conductas desadaptativas relacionadas con la salud (consumo de sustancias, sedentarismo, comer en exceso…).

  5. Respuestas fisiológicas asociadas al estrés.

  6. Otros factores no especificados: demográficos, culturales o interpersonales.

 

     En la década de los 60  Holmes y  Rahe, psiquiatras de profesión examinaron registros médicos de más de 5000 pacientes para determinar si los eventos estresantes podían causar enfermedad. A los pacientes se les solicitó que ordenaran una lista de 43 sucesos de vida y se encontró una correlación positiva de 0.1 entre sus los sucesos y sus enfermedades. Fue llamada Escala de Estrés de Holmes y Rahe y posteriormente otras teorías han apoyado la relación tan relevante que existe entre estrés y enfermedad, entre los eventos vitales y la dolencia.

 

     Actualmente existen diversas teorías sobre los T.P. La mayor parte se centra en trastornos muy concretos, aunque, existe otra versión, algo extendida que trata de ofrecer una explicación teórica general válida para cualquier tipo de alteración psicosomática.

 

Ejemplo: EII (Enfemedades Inflamatorias Intestinales) Hasta el momento el mecanismo propuestos como causante de este tipo de enfermedad, es con mayor incidencia una respuesta inmunológica anormal. La posible contribución de mecanismos inmunitarios, permitiría explicar por qué características psicosociales de los sujetos, como su exposición a aconecimientos estresantes, pudiera aumentar el número de brotes o agravar sus síntomas.

 

Cuando el cuerpo piensa,

cuando la mente siente,

cuando todo se interconecta.

Publicado:16 Febrero, 2016 | Comentarios: 0

Test: ¿Piensas de manera positiva?

Los test son un herramienta útil y sencilla que nos revelan aspectos sobre nosotros mismos, pues miden nuestras conductas dependiendo de lo que respondamos en situaciones cotidianas. Contesta con sinceridad a las siguientes preguntas. Al finalizar te muestro cómo se puntúan las respuestas.  Hoy el tema es…

¿Piensas de manera positiva? — 

 

Responde  <<sí>>  o  <<no>>  a las siguientes frases. No hay respuestas malas, sólo se trata de una prueba que nos dirá unas frases sobre cómo nos actuamos/pensamos/sentimos.

 

1.- ¿Te detienes algunas veces porque algo hermoso te ha llamado la atención?

          Sí □ No □

2.- ¿Crees que la humanidad podrá solucionar sus grandes problemas como la protección del medio ambiente o la superpoblación?

        Sí □ No □

3.- ¿Puedes llegar a ser tan bueno que los demás se rían de ti?

           Sí □ No □

4.- ¿Te sientes feliz en este mismo momento?

            Sí □ No □

5.- ¿Ayer estuviste más bien alegre □ o más bien triste □?

6.- ¿Los últimos días has estado más bien alegre □ o más bien triste □?

7.- Si te molesta algo malo, ¿consigues normalmente encontrar en ello algo positivo?

             Sí □ No □

8.- Si te atacan injustamente, ¿luchas por tus derechos aunque causes molestias y puedas tener problemas?

             Sí □ No □

9.- ¿Repercute positivamente en tu salud un buen estado de ánimo?

             Sí □ No □

10.- ¿Cuentas con la posibilidad de que alguna vez un amigo te ataque por la espalda?

            Sí □ No □

11.- ¿Te resulta simpática la mayoría de la gente a primera vista?

            Sí □ No □

12.- Si en el tren te observa un extraño, ¿te sientes mal?

            Sí □ No □

13.- ¿Elogias a otras personas más frecuentemente que las criticas?

            Sí □ No □

 

14.- ¿Quiénes son las diez personas más importantes de tu vida? (Anota los nombres que se te ocurran espontáneamente).

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15.- Anota otra vez, sin pensar demasiado, diez acontecimientos del último mes que fueron importantes para ti.

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Calcula tu puntuación:

         1. sí = 3 puntos

         2. sí = 3 puntos

         3. nunca = 0 puntos

             algunas veces = 2 puntos

             con frecuencia = 5 puntos

         4. sí = 1 punto

         5. más bien alegre= 1 punto

         6. más bien alegre= 3 puntos

         7. sí = 5 puntos

         8. sí = 3 puntos

         9. sí = 3 puntos

       10. no = 3 puntos

       11. sí = 3 puntos

       12. no = 3 puntos

       13. sí = 5 puntos

       14. si aparece su propio nombre en la lista 10 puntos

       15. anote un punto por cada suceso agradable que haya anotado

 

 Puntuación ………………………………………………………………………… puntos

 

VALORACIÓN DE LOS PUNTOS OBTENIDOS EN EL TEST:

 

    • Menos de 25 puntos: Ves demasiados obstáculos en tu vida. Eres realista pero tal vez demasiado porque ¿cómo modificar algo para mejorar tu vida cuando en realidad tú mismo no crees en los cambios positivos?

    • Entre 26 y 35 puntos: Tienes la posibilidad de realizar cambios positivos en tu vida pero no sabes cómo debes hacerlo. Confías más en un milagro que en tus propias fuerzas.

    • Entre 36 y 45 puntos: La mayoría parte del tiempo piensas de manera positiva. Incluso todavía ves algo positivo allí donde muchas otras personas sólo ven problemas. A pesar de todo no eres ningún soñador y mantienes muy bien los pies sobre el suelo.

    • Más de 46 puntos: El pensamiento positivo está en el centro de tu vida. Pero también corres el pequeño peligro de que tiendas a la despreocupación y que confíes ciegamente en los demás sin que éstos lo esperen o sin que realmente pueda surgir algo de esta confianza.

 

Fuente: Desarrollo de la Personalidad Eficaz, ediciones fmb 2001.

Publicado:9 Febrero, 2016 | Comentarios: 0

¿ A qué le llaman “BROTE” en una enfermedad?

 

Brote:   “Aparición repentina de síntomas de una enfermedad

               que indican empeoramiento puntual de la misma” .

 

     Esta es un resumen de las definiciones leídas antes de escribir el presente artículo. Pero, qué significa verdaderamente para nosotros,  qué sentimos ante este cambio inesperado…  Un alto en el camino, un momento de desestabilidad, que nos desequilibra, que nos hace dudar de alguna seguridad sentida y nos alerta de que en un momento, todo puede cambiar…  Un brote representa dudas, dolor, incertidumbre, nervios y conlleva una modificación del tratamiento. Y qué decir, si se vive a menudo esta circunstancia… pues afecta a nuestra calidad de vida y a los que nos rodean.

 

        En esta ocasión creo que mi experiencia personal reflejará más fielmente lo que una “paciente” puede sentir y su incomprensión ante algunos detalles de su compañera de viaje, la enfermedad. Tras más de 11 años juntas, aún me sorprenden determinados momentos de la convivencia…

 

       “Un viernes, a una hora muy concreta, comenzó un dolor punzante, con garra, en mi abdomen. No lo pensé demasiado y acudí al servicio de urgencias. Era un dolor distinto, no el de costumbre, y no me acompañaban más síntomas,… Pues sí, la sorpresa, aunque muchos ya lo hayais adivinado, es la aparición en escena de un <<leve brote>>.  La frase concreta de los especialistas fue “La enfermedad es así”. Un tópico, una vana explicaión, una excusa… pero no hubo mayor argumentación. Me quedé en la camilla mientras esas palabras resonaban en mi mente. Palabras que no me tranquilizan, todo lo contrario. Y es que la falta de información o de entendimiento acerca de un período de actividad me recuerda funestos períodos pasados, me preocupa y también me enfada, por qué no reconocerlo, aunque sólo sea momentáneamente. Esas frases o sentencias, no ayudan, pues nos hace sentir que perdemos el control sobre nuestro cuerpo, sobre lo que vivimos, cuando en realidad no es así. La impotencia cobra importancia en un escena de debilidad, de duda”.

 

              Además, la amplitud de síntomas que pueden tener cabida en un brote lo hace más inexplicable. En el inicio del artículo  ya apunté dos. Pero, entonces ¿a qué le llaman brote?, ¿Es un cajón desastre en el que entra cualquier complicación? ¿Se tienen en cuenta síntomas psicológicos o únicamente la actividad de la analítica? Dudas que me planteo… Lo que un brote es estrictamente para los profesionales de la medicina, y su alcance para los pacientes. Dos puntos de vista, que, unidos, tendrían mayor sentido a mi modo de ver, pues, por lo menos a mí, me cuesta dejar de sentir y racionalizar los síntomas físicos al margen de mi persona.

 

               A pesar de lo enumerado, le he hecho un hueco a esos “brotes”, a esa evolución de la enfermedad inesperada o a veces anunciada, y nos nos llevamos mal, aunque me reste mucho por conocer, por experimentar. Creo que la mejor parte es poder expresar qué sentimos en esos momentos difíciles, inciertos,… y compartirlo con vosotros.

 

                                                 Porque en cada momento vital

debemos destacar CÓMO lo vivimos

y con QUIÉN, no sólo QUÉ.

 

 

Publicado:28 Enero, 2016 | Comentarios: 0

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