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Pero sólo son eso, creencias…

Según la RAE, la creencia es “la idea que se considera verdadera y a la que se da completo crédito como cierta“.

 

Entendemos que son ideas subjetivas, puntos de vista arraigados , que nacen y se conforman desde el interior de una persona, desarrollándose a partir de sus experiencias, vivencias, teniendo muy en cuenta el contexto en el que se ha desarrollado o vivido la persona ( política, economía, lugar, cultura, idioma…). Un ejemplo que nos ayudará a entenderlas, son los refranes, ideas muy arraigadas, por territorios, reconocidas, y que pertenecen a las creencias populares por las sucesivas experiencias del pueblo en diferentes circunstancias, y en ocasiones contrapuestas como sucede con las creencias personales:

 

” A quién madruga dios le ayuda”      Vs       “No por mucho madrugar, amanece más temprano”

 

Creencias populares, creencias religiosas, creencias vitales… con un sentido generalizado, dar un sentido, organizar una situación o darle forma, establecer un control sobre lo que acontece.  Sumando además, el segundo capítulo sobre las creencias, las opiniones y los juicios. Por ejemplo,  “no se sentirá tan mal si lo veo de paseo…” “no será gran cosa lo que padece pues tiene buena cara”. Un segundo nivel, pero que sigue partiendo de una mitología arraigada, en este caso, en torno a la enfermedad. He oído en varias ocasiones, por ejemplo, la creencia siguiente: ” una enfermedad es más grave cuando los síntomas son aparentes, cuando se evidencia un malestar físico y la persona parece demacrada”. No estoy aquí para opinar al respecto, sí para llamar la atención de los posibles efectos que pueden tener las creencias personales en los demás, sobre todo cuando añadimos nuestro parecer al respecto y juzgamos al de al lado o a nosotros mismos, generándose un conflicto (externo o interno). 

 

Creencias Limitantes “no se me dan bien los idiomas”, “esto nunca va a cambiar”, “nunca me adaptaré a esta enfermedad”. Nos incapacitan, nos refrenan en nuestra toma de decisión, incluso añaden malestar y dificultan nuestro transitar condicionando nuestro pensamiento, sumando pesimismo e incluso entorpeciendo nuestras relaciones.

 

 

Creencias Potenciadoras “yo puedo con esto”, ” mi familia siempre me apoya”, “mejoraré”. Nos ayudan a mejorar nuestro nivel de confianza y potenciar capacidades personales. Fomentan así, la seguridad, la adaptación y en este caso, la convivencia con la enfermedad.

 

Tomaros un tiempo, para anotar esa lista de creencias que se os vienen a la cabeza sobre la enfermedad, tanto limitantes como potenciadores, y seamos conscientes de la carga que suponen o de la ayuda que están prestando, dependiendo de la categoría en la que se encuentren. Y de cómo, a partir de estas creencias, se juzga a diario a los enfermos, se los etiqueta, y a muchos otros colectivos basándose en creencias, las que presuponemos verdades, pero que cómo bien explicaba la RAE, carecen de certeza. Y sin embargo, dictan nuestra manera de vivir, de relacionarnos. 

 

Cuando en anteriores ocasiones escribí post, como por ejemplo   Con dos cucharadas de empatía por favor el mensaje era aclarar, que este tipo de creencias limitantes, enrarece las relaciones y dificulta la comprensión, en el caso que nos ocupa sobre todo hacia la figura o el rol del enfermo, encasillándolo: “No estará tan mal si acudes a trabajar”. Escribí, de manera transparente, la influencia de los juicios y opiniones que emitimos  a diario sobre otros, sobre nosotros. La influencia que tiene en nuestra actitud ante la vida, en nuestros comportamientos, en nuestro estado emocional, y como no, en el modo de entender la enfermedad y el proceso de convivencia con ella. 

 

Pero tampoco se trata de darle la vuelta a la tortilla y de juzgar, ahora “otros” a la sociedad que los juzga, que los tilda, que subjetivamente los describe, para hacer lo mismo que un día se hizo con otros. Se trata de evidencia, manifestar, hacer consciente de las fortalezas de las creencias limitantes e irracionales en nuestras vidas e ir restándole ese poder, de regalarnos al amplitud de puntos de vista y por tanto el entendimiento mutuo, desde una pareja, pasando por una familia, un centro, un lugar de trabajo, un hospital, un estado o la misma sociedad.

 

Son elementos que nos condicionan, pero no realidades, sino puntos de vista basados en “x” experiencias, y que también tendrán un gran peso en mi lenguaje interior, en cómo me hablo a mi mismo, y por lo tanto en cómo me encuentro. Vamos a darles su importancia hoy a las creencias, pero también una dosis de realidad, ya que …

 

…Sólo son eso, creencias,
aunque algunas las sintamos sentencias,
aunque algunas las valoremos con fe ciega
o resignación severa,
sólo son eso, creencias.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica Ca-00818

Psicoterapeuta y responsable de Proyecto Acompasados

www.proyectoacompasados.com

proyectoacompasados@gmail.com

 

Fuente: Imágenes libres de pixabay.

 

Publicado:1 noviembre, 2018 | Comentarios: 0

Conviviendo con la particular “danza” de la Enfermedad de Huntington.

Corea de Huntington, una enfermedad familiar, neurodegenerativa, hereditaria. Una persona afectada tiene el 50% de probabilidades de transmitir la mutación genética en el embarazo. En España hay alrededor de 4000 personas diagnosticadas y más de 15.000, puede haber heredado ese gen.

 

Se trata de una dolencia caracterizada por alteraciones motoras (provoca movimientos involuntarios, danza o corea, contraciones musculares involuntarias, mayor lentitud; alteraciones cognitivas que abarcan el nivel de comprensión y de planificación, la memoria a corto plazo o el nivel de concentración; alteraciones en el apetito o en el sueño; y alteraciones psicológicas, como cambios de humor, impulsividad, cambios de personalidad, depresión, comportamientos obsesivos, euforia, agresividad.

 

Todo ello conlleva aislamiento, soledad, rechazo social, secretismo, una elevada incertidumbre y frustración, además de miedo, apatía, tristeza o negación. Y es, necesario un acompañamiento psicológido durante el proceso de adaptación. Desde la fase previa (sospechas, indicios o preocupación en torno al diagnóstico), durante la fase de la prueba genética y confirmación o no del diagnóstico, y en fases posteriores de llegada de información, hasta llegar a la convivencia con la enfermedad.

 

Cuando antes se sepa, antes se cuida.

La importancia de lidiar con el secretismo, con el tabú y rechazo social,

a través de la información, de la concienciación y la educación.

 

La calidad de vida está asociada a las percepciones de los miembros de la familia sobre las pérdidas: de trabajo, de recursos económicos, de actividades sociales, de intimidad o de posibilidades de mantener una vida familiar normalizada. Otros factores que influyen notablemente serían la naturaleza de la enfermedad, la larga duración, las consecuencias negativas para la vida diaria, las repercusiones en los allegados o su concepción de la esperanza. Permaneciendo, por tanto, un nivel crónico de estrés, en ocasiones no identificado y un gran impacto en familiares (pareja, hijos, padres, madres,hermanos).

 

Una enfermedad que puede alcanzar a cualquier familiar, y  tanto si la padeces,

como si ejerces el rol de cuidador, convives con ella. Ningún miembro de la familia descansa.

 

El sábado 2 de junio desde las 10.30 hasta las 14 h, tendrá lugar la XII Jornada Informativa sobre la Enfermedad de Huntington, en la que tengo el placer de colaborar con un espacio terapéutico “Conviviendo con la enfermedad. Una nueva realidad”. Un momento para entender cómo afectan las presiones y alteraciones de la enfermedad a los más jóvenes, desde los principios de incertidumbre y de frustración, y cómo afecta al núcleo de cada familia que la padece. Entrada libre.       Estáis invitados!!


 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica y de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta familiar y de pareja

Responsable de Proyecto Acompasados

www.proyectoacompasados.com

 

Publicado:27 mayo, 2018 | Comentarios: 0

¿Eres un apoyo para ti mismo?

Esta es una pregunta que hago habitualmente en talleres y en procesos terapéuticos de mayor intimidad. Cuando abordamos las dificultades que los pacientes describen para vivir el día a día, su rutina diaria, suelen indicar que precisan del apoyo o ayuda de los que les rodean. A lo que suelo añadir, que generalizando, las personas necesitamos el apoyo de los demás para crecer, para sanar, para lograr objetivos… pues somos seres sociales, relacionales.

 

Analizando los apoyos externos con los que contamos cada uno (familia, amigos, profesionales…), hay un elemento que nos cuesta poner en la lista, una persona en la que no pensamos a la hora de solicitar su apoyo o cuando valoramos nuestras necesidades. Estamos dispuestos a alzar la voz y gritar socorro a los cuatro vientos… pero, ¿¿¿y nosotros??? ¿¿¿Somos verdaderamente una figura de cuidado y apoyo para nosotros mismos???

 

Nosotros somos esa primera piedra que tan ceremoniosamente se coloca en una construcción. El primer cuidado que debemos de recibir es el propio, escuchando y atendiendo a nuestras necesidades y procurando bienestar. Si este inicio falla o sufre desatenciones, es posible que queramos compensarlo buscándolo en la atención y el cariño de los que nos rodean. de esta manera exigiremos su mirada, su protección o incluso su auxilio, en detrimento del que no nos concedemos a nosotros mismos.

 

Por auto-cuidado no sólo se entiende, la alimentación, aseo, descanso,o estilo de vida saludable, sino proveernos de actividades, de ocupaciones, de relaciones beneficiosas, mirar por nuestros intereses, saber qué necesito en cada momento, observarnos – escucharnos – sentirnos, aprender a relajarnos, actitud responsable en salud/enfermedad (toma de medicación, acudir a visitas médicas), ser conscientes de nuestras fortalezas, y muy importante, saber pedir ayuda.

 

Ante la enfermedad o síntomas de algún malestar existen diferentes posturas con las que tratamos de aislarnos, de evitar el dolor o gracias a los cuales no pensamos en lo que sucede, nos evadimos, como si no fuera algo que va con nosotros. En síntesis, nos descuidamos.

 

   Ejemplos “Frases de pacientes”:

Estas frases evitan que me centr en el momento presente, que piense en mis necesidades y las cubra, además de nublar mis emociones ante el malestar o la enfermedad, encerrándome en un estado de letargo o tristeza que me impide avanzar. Todo ello afecta e influye directamente en ese malestar o en la enfermedad. Son generadoras de ansiedad, de frustración y de miedo.

 

  1. ¿Por qué a mí? Culpabilizadora. Nos impide avanzar y nos frena, porque además es un callejón sin salida.

  2. El tiempo pone todo en su sitio. Evitativa. Creemos que es un elemento externo el que tiene el control sobre nosotros, sobre la enfermedad o malestar.

  3. Quisiera volver atrás en el tiempo.  Nos centramos con estas frases en los aspectos más negativos, además de ser prisioners de la cárcel del pasado. Sólo situandonos en el presente podemos avanzar. Cómo disfrutar del momento presente. 

  4. Sólo deseo no estar así. Desear y querer son verbos muy golosos, pero qué necesitamos?? En momentos de malestar es cuando más ayuda necesitamos y no podemos fallar como principal apoyo. Los demás no ayudan a alguien que no quiere ayudarse, además de ser difícil comprender lo que nos pasa o empatizar con nosotros desde este estado de huída.

  5. Ya no soy el que era. En todo momento estamos cambiando evolucionando, pero quizás nos percatemos en mayor medida cuando no podemos llevar el ritmo de etapas anteriores. Dentro del autocuidado hemos de valorar la capacidad de adaptación, de afrontamiento activo.  Afrontar, el esfuerzo que realizamos por adaptarnos al camino.

  6. Todo son complicaciones. No voy a entrar en los beneficios de sonreir ni obligaros a hacerlo con alguna frase en imperativo. Pero sí indicaré la distorsión que implica hablar de todo o nada, ver el mundo en blanco y negro perdiendonos todas las gamas de colores. La importancia de ver nuestras fortalezas, de redescrubrirnos en diferentes contexto, de saber qué hemos aprendido de la enfermedad o del malestar.

  7. La lista podría seguir con muchos más ejemplos de frases invalidantes, que nos frenan, coartan, cohiben, aislan, descuidan…

 Por otro lado el sentirnos identificados con algunas de las frases y ser conscientes ahora, puede ser un motor, una motivación que nos dirija hacia el autocuidado. Es primordial que nos situemos en el papel protagonista, que no cedamos nuestro control o decisión al tiempo, u otros elementos externos, que marquemos un nuevo ritmo de vida y busquemos ayuda si lo creemos necesario.

 

Todas estas frases tienen su contrapartida en versión positiva, desde el “yo me apoyo” y es importante encontrar la nuestra, adaptada con nuestras palabras que nos ayude a modificar la actitud, a mirar al presente de una manera más agradable y menos defensiva:

 

  • Sé que puedo afrontar y enfrentar esta situación.

  • He aprendido varias cosas de esta situación…

  • Tengo herramientas y recursos para seguir adelante.

  • Estoy encontrando mi propio ritmo, yo y mis circunstancias, lo marcamos.

  • Soy mi principal apoyo, y además cuento con …

  • Voy a relajarme, cada vez lo haré mejor.

  • Los pensamientos negativos no me ayudan, me frenan y me aislan.

  • ¿y las vuestras?

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga de la salud/clínica Ca-00818

Psicoterapeuta de familia y pareja

Responsable de Proyecto Acompasados

 

Para más información:

www.proyectoacompasados.com

proyectoacompasados@gmail.com

 

Publicado:10 febrero, 2018 | Comentarios: 0

Cómo disfrutar del momento presente.

Inmersos en una sociedad en la que parece abocado a desaparecer el individualismo en pro de la masa, de la indiferenciación, en la que notamos extrañas hasta nuestras propias emociones, incluso desconociendo cómo gestionarlas , no podemos olvidar que las personas seguimos estando presentes. El cuidado de cada uno, es síntoma de evolución y de crecimiento. Es por ello, que en este post os voy a hablar de “cómo disfrutar el momento presente”.

 

Hoy día, nos inunda el ritmo frenético, las prisas, las altas expectativas, los deseos de grandiosidad y de felicidad plena que no llegamos a alcanzar. Están presentes, el miedo ante el fracaso, el consumismo, el no conocer nuestras verdaderas necesidades y sustituirlas por productos o servicios, etc. Podría seguir enumenrando un sinfín de consecuencias que nos arrastran y que impiden que  nos observemos y conozcamos. Estas son causas de no disfrute.

 

Es lógico, no tenemos tiempo para ello. Cada día hemos de trabajar, atender responsabilidades, cuidar de la familia, responder llamadas o correos, pagar facturas, ir a la compra, comer, beber, dormir, hacer ejercicio… Qué tiempo nos queda para invertir en nosotros?? Qué tiempo nos resta para disfrutar, para vivir sin parecer robots tele-dirigidos??

 

Nuestra manera de entender el mundo, de buscar objetivos, de imaginar cómo disfrutaríamos, nos aparta la visión de lo verdaderamente importante. Todos y cada uno de los momentos que he descrito en la lista anterior, pueden ser de disfrute, experiencias agradables, recuerdos a coleccionar en ese mar de prisas sin pausas. A menudo nos planteamos como sería el fin de semana perfecto, qué visitaríamos, a dónde nos gustaría ir, con quién e incluso nuestro estado en esos momentos: risueño, de paz y calma, de alegría desbordante… Pero después nos encontramos ante días dominados por el mal tiempo, encerrados en casa o dando vueltas sin saber qué hacer, mortificándonos con la idea del descanso perfecto e inalcanzable.

 

Desde esa perspectiva es difícil contentarse, pues podría parecer conformismo con la vida que nos ha tocado. Lejos de esos pensamientos, lo que os propongo es abrir una puerta de entrada a la auto-observación, vivir cada uno de esos instantes descritos, como si no hubiese nadie más en el mundo que vosotros. Quizás la rutina diaria, pueda percibirse como carente de glamour, pero dejando nuestros sueños o frustraciones, pensamientos de futuro o rumiaciones de pasado, a un lado, vamos a disfrutar el ahora.

 

El ahora es un tiempo vivo, dinámico, en movimiento, y el que nos ancla a nuestra realidad, a nosotros. El pasado ya no está, ni nos puede alcanzar, aunque es cierto, que los recuerdos anidan en nosotros, y no únicamente como fuente de aprendizaje o nostalgia, sino en ocasiones aprisionándonos  e impidiendo que avancemos. Esta es una de las causas de no disfrute.

El futuro, y los continuos planes, pensamientos y gasto de energía que empleamos a diario en su organización, es otra causa de no disfrute.

 

“El simple vivir, puede transformarse en miles de experiencias”.

 

El primer paso para aprender a disfrutar es observar nuestra vida, cada capítulo, desde el momento del despertar, el desayuno, el vestirnos, asearnos,…hasta el momento de la siesta, un beso o el salir a caminar. Sin juzgarnos, sin apresurarnos, y sin pensar en que haremos después o que hicimos ayer, viviendo cada instante en su estado puro.

 

Esa suma de episodios experimentados a diario, es nuestra vida, y podemos sentir que no la estamos aprovechando, o que se escapa de nuestra manos. Sobre todo, si creemos que la lista de problemas es tan amplia o dolorosa que nos incapacita a la hora de sentir el disfrute. En esa lista puede entrar un despido, conflictos en el trabajo, ruptura sentimental o frecuentes discusiones en la pareja/amig@s, síntomas o enfermedad, falta de medios económicos, dificultades para tomar una decisión, recuerdos que nos persiguen…etc.

 

A pesar de ellos, por encima de ellos, seguimos estando nosotros, tratando de disfrutar. El cómo es el mismo, pero esos problemas irán menguando. Debemos tener en cuenta que la vida sigue siendo eso que se nos escapa entre conflicto y conflicto, lo que gastamos en rumiaciones, obsesiones, o días sin salir de casa.

 

La unión de todos esos momentos, para que sean de disfrute, debemos de ser nosotros. Nosotros activos y presentes en cada uno. Es preciso sentirnos, notarnos, percibirnos. Cómo voy a cubrir mis necesidades si ni siquiera sé qué necesito. Observarnos a nosotros mismos es la piedra angular del cuidado, y por tanto del disfrute y de los estados de tranquilidad que podemos alcanzar.

 

Somos capaces de transformar una lista de rutinarias actividades, en momentos de disfrute si nos hacemos conscientes de que estamos ahí. Notamos nuestra respiración, nuestra postura,  nuestra temperatura, cómo nos sentimos… Nos hacemos conscientes de los sabores, olores y sensaciones en cada uno de esos momentos. Esta es una manera natural, sin presiones de pulsar el botón de pausa de pensamientos y rumiaciones que nos absorben.

 

Pautas para disfrutar:

  • vivir en el momento presente, concentrándonos en cada actividad que realizamos.

  • observarnos.

  • no comparar con ideales.

  • sin juzgar, sólo observar.

  • actitud de curiosidad.

  • insistir en parar nuestros pensamientos, sobre todo de pasado y futuro.

  • captar cómo nos sentimos, puerta de nuestras necesidades.

  • concentrarnos en sabores, olores, sonidos de ese momento (sin decir si me gusta o no, sólo cómo me llega, qué me hace sentir).

  • sentir nuestro cuerpo, nuestra postura, temperatura.

  • intentarlo primero en momentos rutinarios como el desayuno, la ducha, un paseo.

  • estar ese tiempo con uno mismo.

  • primero en pequeñas dosis, sin frustrarno, pues la práctica es muy importante.

Ejercicio de iniciación: (1 minuto)

“Adoptamos una postura cómoda. Sentados, con piernas y brazos descruzados o tumbados sobre la espalda. La cabeza y el cuello deben estar en línea, pero sin presiones. Cerramos los ojos. Estamos en un espacio nuestro, percibiendo nuestra presencia, aprovechando para conectar nuestro cuerpo con nuestra respiración. Sintiendo la postura, el entrar y salir el aire de nuestro cuerpo. Damos la bienvenida al silencio unos instantes mientras seguimos percibiendo el aire entrar y salir a través de nuestro cuerpo.”

 

Este tipo de ejercición nos introduce en los conceptos antes explicados, prestando atención a lo que sentimos a cómo nos encontramos, a sensaciones, al margen de pensamientos o recuerdos, nos posiciona en el aquí y el ahora, activando una actitud de disfrutar del presente.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/ de la salud

Psicoterapeuta y responsable de proyecto

Para más información:

www.proyectoacompasados.com

proyectoacompasados@gmail.com

 

 

 

Publicado:21 enero, 2018 | Comentarios: 0

Felices Fiestas y balance del 2017

Cada año que concluye, realizamos un balance de lo vivido y experimentado. Pero muchas veces nos detenemos en la parte menos satisfactoria del mismo (conflictos, discusiones, enfados, temores, preocupaciones…) haciendo hincapié en los momentos de “mala suerte”, en los eventos más negativos, o no dejando ir instantes de dolor o de angustia. Por ello, os invito a realizar un balance diferente, una revisión positiva de nuestra evolución en este años:

 

  • De aspectos aprendidos.

  • De emociones y momentos compartidos.

  • De noticias inesperadas, sorpresivas.

  • De cambios que nos han ayudado a evolucionar.

Cambiando nuestra perspectiva y nuestra búsqueda de momentos en el 2017, también varía nuestro estado de ánimo y reflexiones sobre un año, al que seguro que no le han faltado capítulos para coleccionar.

 

Es por ello, que como cada año, os escribo para haceros llegar mis mejores deseos de salud, prosperidad y disfrute. Espero coleccionéis todos aquellos instantes intensos, bellos, sonrientes, … para que nos acompañen a lo largo del 2018.

 

¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

 

Publicado:20 diciembre, 2017 | Comentarios: 0

Afrontar, el esfuerzo que realizamos por adaptarnos al camino.

Muy lejos de las definiciones que habitualmente podemos leer sobre  la palabra “Afrontar”, está la que trabajamos en terapia, la que ponemos en práctica cada día las personas de a pie, la verdaderamente necesaria para adaptarnos a un mundo cambiante y variable.  Se modifican las condiciones, el contexto, van pasando las estaciones, sube y baja la temperatura, hay cambios vitales en nuestro transcurrir, experiencias que siguen fluyendo y que también nos alteran y nos impregnan. Nuestra manera de pensar cambia, como personas evolucionamos e incluso nuestra memoria se adapta a todas estas alteraciones constantes. Es por tanto, especialmente relevante que sepamos adaptarnos a estos inherentes vaivenes de la vida.

 

AFRONTAR, es el esfuerzo, cognitivo, conductual que realizamos las personas para hacer frente al estrés, a los cambios, a las demandas externas e internas, a los conflictos… en definitiva para adaptarnos al camino vital. Se trata de una predisposición para enfrentar las diversas situaciones de la vida, fruto de las múltiples experiencias que vivimos.

 

El tipo de acciones que llevamos a cabo con ese fin, la adaptación, el enfrentarnos a las novedades que se presentan, pueden ser adaptativa (promueven la salud y la adaptación a largo plazo) o desadaptativas (reducen el estrés puntualmente, pero tienen un efecto nocivo a largo plazo), teniendo en cuenta el tipo de estrategias utilizadas, y por lo tanto las consecuencias también serán diferentes.

 

Pero, ¿cómo decidimos qué hacer en cada momento? ¿por qué el esfuerzo es diferente? En un determinado momento evito o niego un cambio, miro hacia otro lado, y sin embargo en otra etapa diferente, lo hago frente, con actitud luchadora, buscando alternativas o reflexionando sobre lo sucedido. Existen multitud de opciones a la hora de afrontar un suceso, un cambio (un despido laboral, una enfermedad, una separación sentimental, que un hijo se independice, un emabarazo, una pérdida económica, un duelo de un familiar, una mudanza…etc).  Ante esos acontecimiento, aparecen respuestas de nuestro cuerpo, como el estrés (al sentirlas como amenzantes nos preparamos) y reacciones emocionales mediatizadas por un proceso de valoración. Comparamos con experiencias anteriores, rebuscamos en estados de ánimo relacionados, y valoramos anticipadamente y cognitivamente, ese cambio, pensamos en ello, le damos vueltas…

 

a) Valoración primaria (primer momento): consecuencias que la situación tiene para nosotros.

b) Valoración secundaria (segundo momento): si se percibe como amenaza o desafío, valoramos los recursos de que disponemos para evitar o reducir las consecuencias negativas.

 

Vamos viendo, hasta ahora, que el esfuerzo que hacemos a diario por adaptarnos, ya sea efectivo o necesitemos varios intentos, está relacionado con lo que hemos vivido hasta el momento en el que llega el cambio, con lo que pensamos, sentimos y con cómo actuamos. Es por eso, que ante un acontecimiento tal, nos decantaremos por una de estas opciones:

 

Afrontamiento Pasivo/Evitación: Son comportamientos y pensamiento de distanciamiento, de rechazo, como “mantengo la esperanza”, “disimulo cómo me siento”, “me resigno, pues me controla”, “mantengo la esperanza”, “me aislo”, “no pienso en ello”… Se trata de depositar en otro, que no seamos nosotros el control de la situación, como si la adaptación dependiese del exterior y no de nosotros y de nuestro propio esfuerzo para lograrlo. Por ello, las estrategias utilizadas en este caso son: renuncia, autodistracción, consumo de sustancias, negación, religión, autocrítica, descarga  emocional.

 

Afrontamiento Activo: Comportamientos y pensamientos de acción directa orientados hacia el conflicto, hacia la situación de cambio que por un momento ha alterado nuestras vidas, como “hablo de ello”, “busco ayuda”, “busco información”, “me intereso por como me siento y lo comparto”,… Y que se traduce en estrategias del tipo: planificación, búsqueda de ayuda familiar o profesional, humor, aceptación, reinterpretación positiva o apoyo emocional.

 

Mirar hacia nosotros, entender cómo nos sentimos, contemplarnos, mirarnos, y reflexionar al respecto, es el primer paso para el auto-conocimiento y el auto-cuidado, y por lo tanto una mejora en nuestra calidad de vida.

 

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta familiar/de pareja

Responsable de Proyecto Acompasados

www.proyectoacompasados.com

Publicado:10 diciembre, 2017 | Comentarios: 0

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