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Cómo disfrutar del momento presente.

Inmersos en una sociedad en la que parece abocado a desaparecer el individualismo en pro de la masa, de la indiferenciación, en la que notamos extrañas hasta nuestras propias emociones, incluso desconociendo cómo gestionarlas , no podemos olvidar que las personas seguimos estando presentes. El cuidado de cada uno, es síntoma de evolución y de crecimiento. Es por ello, que en este post os voy a hablar de “cómo disfrutar el momento presente”.

 

Hoy día, nos inunda el ritmo frenético, las prisas, las altas expectativas, los deseos de grandiosidad y de felicidad plena que no llegamos a alcanzar. Están presentes, el miedo ante el fracaso, el consumismo, el no conocer nuestras verdaderas necesidades y sustituirlas por productos o servicios, etc. Podría seguir enumenrando un sinfín de consecuencias que nos arrastran y que impiden que  nos observemos y conozcamos. Estas son causas de no disfrute.

 

Es lógico, no tenemos tiempo para ello. Cada día hemos de trabajar, atender responsabilidades, cuidar de la familia, responder llamadas o correos, pagar facturas, ir a la compra, comer, beber, dormir, hacer ejercicio… Qué tiempo nos queda para invertir en nosotros?? Qué tiempo nos resta para disfrutar, para vivir sin parecer robots tele-dirigidos??

 

Nuestra manera de entender el mundo, de buscar objetivos, de imaginar cómo disfrutaríamos, nos aparta la visión de lo verdaderamente importante. Todos y cada uno de los momentos que he descrito en la lista anterior, pueden ser de disfrute, experiencias agradables, recuerdos a coleccionar en ese mar de prisas sin pausas. A menudo nos planteamos como sería el fin de semana perfecto, qué visitaríamos, a dónde nos gustaría ir, con quién e incluso nuestro estado en esos momentos: risueño, de paz y calma, de alegría desbordante… Pero después nos encontramos ante días dominados por el mal tiempo, encerrados en casa o dando vueltas sin saber qué hacer, mortificándonos con la idea del descanso perfecto e inalcanzable.

 

Desde esa perspectiva es difícil contentarse, pues podría parecer conformismo con la vida que nos ha tocado. Lejos de esos pensamientos, lo que os propongo es abrir una puerta de entrada a la auto-observación, vivir cada uno de esos instantes descritos, como si no hubiese nadie más en el mundo que vosotros. Quizás la rutina diaria, pueda percibirse como carente de glamour, pero dejando nuestros sueños o frustraciones, pensamientos de futuro o rumiaciones de pasado, a un lado, vamos a disfrutar el ahora.

 

El ahora es un tiempo vivo, dinámico, en movimiento, y el que nos ancla a nuestra realidad, a nosotros. El pasado ya no está, ni nos puede alcanzar, aunque es cierto, que los recuerdos anidan en nosotros, y no únicamente como fuente de aprendizaje o nostalgia, sino en ocasiones aprisionándonos  e impidiendo que avancemos. Esta es una de las causas de no disfrute.

El futuro, y los continuos planes, pensamientos y gasto de energía que empleamos a diario en su organización, es otra causa de no disfrute.

 

“El simple vivir, puede transformarse en miles de experiencias”.

 

El primer paso para aprender a disfrutar es observar nuestra vida, cada capítulo, desde el momento del despertar, el desayuno, el vestirnos, asearnos,…hasta el momento de la siesta, un beso o el salir a caminar. Sin juzgarnos, sin apresurarnos, y sin pensar en que haremos después o que hicimos ayer, viviendo cada instante en su estado puro.

 

Esa suma de episodios experimentados a diario, es nuestra vida, y podemos sentir que no la estamos aprovechando, o que se escapa de nuestra manos. Sobre todo, si creemos que la lista de problemas es tan amplia o dolorosa que nos incapacita a la hora de sentir el disfrute. En esa lista puede entrar un despido, conflictos en el trabajo, ruptura sentimental o frecuentes discusiones en la pareja/amig@s, síntomas o enfermedad, falta de medios económicos, dificultades para tomar una decisión, recuerdos que nos persiguen…etc.

 

A pesar de ellos, por encima de ellos, seguimos estando nosotros, tratando de disfrutar. El cómo es el mismo, pero esos problemas irán menguando. Debemos tener en cuenta que la vida sigue siendo eso que se nos escapa entre conflicto y conflicto, lo que gastamos en rumiaciones, obsesiones, o días sin salir de casa.

 

La unión de todos esos momentos, para que sean de disfrute, debemos de ser nosotros. Nosotros activos y presentes en cada uno. Es preciso sentirnos, notarnos, percibirnos. Cómo voy a cubrir mis necesidades si ni siquiera sé qué necesito. Observarnos a nosotros mismos es la piedra angular del cuidado, y por tanto del disfrute y de los estados de tranquilidad que podemos alcanzar.

 

Somos capaces de transformar una lista de rutinarias actividades, en momentos de disfrute si nos hacemos conscientes de que estamos ahí. Notamos nuestra respiración, nuestra postura,  nuestra temperatura, cómo nos sentimos… Nos hacemos conscientes de los sabores, olores y sensaciones en cada uno de esos momentos. Esta es una manera natural, sin presiones de pulsar el botón de pausa de pensamientos y rumiaciones que nos absorben.

 

Pautas para disfrutar:

  • vivir en el momento presente, concentrándonos en cada actividad que realizamos.

  • observarnos.

  • no comparar con ideales.

  • sin juzgar, sólo observar.

  • actitud de curiosidad.

  • insistir en parar nuestros pensamientos, sobre todo de pasado y futuro.

  • captar cómo nos sentimos, puerta de nuestras necesidades.

  • concentrarnos en sabores, olores, sonidos de ese momento (sin decir si me gusta o no, sólo cómo me llega, qué me hace sentir).

  • sentir nuestro cuerpo, nuestra postura, temperatura.

  • intentarlo primero en momentos rutinarios como el desayuno, la ducha, un paseo.

  • estar ese tiempo con uno mismo.

  • primero en pequeñas dosis, sin frustrarno, pues la práctica es muy importante.

Ejercicio de iniciación: (1 minuto)

“Adoptamos una postura cómoda. Sentados, con piernas y brazos descruzados o tumbados sobre la espalda. La cabeza y el cuello deben estar en línea, pero sin presiones. Cerramos los ojos. Estamos en un espacio nuestro, percibiendo nuestra presencia, aprovechando para conectar nuestro cuerpo con nuestra respiración. Sintiendo la postura, el entrar y salir el aire de nuestro cuerpo. Damos la bienvenida al silencio unos instantes mientras seguimos percibiendo el aire entrar y salir a través de nuestro cuerpo.”

 

Este tipo de ejercición nos introduce en los conceptos antes explicados, prestando atención a lo que sentimos a cómo nos encontramos, a sensaciones, al margen de pensamientos o recuerdos, nos posiciona en el aquí y el ahora, activando una actitud de disfrutar del presente.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/ de la salud

Psicoterapeuta y responsable de proyecto

Para más información:

www.proyectoacompasados.com

proyectoacompasados@gmail.com

 

 

 

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