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¿Eres un apoyo para ti mismo?

Esta es una pregunta que hago habitualmente en talleres y en procesos terapéuticos de mayor intimidad. Cuando abordamos las dificultades que los pacientes describen para vivir el día a día, su rutina diaria, suelen indicar que precisan del apoyo o ayuda de los que les rodean. A lo que suelo añadir, que generalizando, las personas necesitamos el apoyo de los demás para crecer, para sanar, para lograr objetivos… pues somos seres sociales, relacionales.

 

Analizando los apoyos externos con los que contamos cada uno (familia, amigos, profesionales…), hay un elemento que nos cuesta poner en la lista, una persona en la que no pensamos a la hora de solicitar su apoyo o cuando valoramos nuestras necesidades. Estamos dispuestos a alzar la voz y gritar socorro a los cuatro vientos… pero, ¿¿¿y nosotros??? ¿¿¿Somos verdaderamente una figura de cuidado y apoyo para nosotros mismos???

 

Nosotros somos esa primera piedra que tan ceremoniosamente se coloca en una construcción. El primer cuidado que debemos de recibir es el propio, escuchando y atendiendo a nuestras necesidades y procurando bienestar. Si este inicio falla o sufre desatenciones, es posible que queramos compensarlo buscándolo en la atención y el cariño de los que nos rodean. de esta manera exigiremos su mirada, su protección o incluso su auxilio, en detrimento del que no nos concedemos a nosotros mismos.

 

Por auto-cuidado no sólo se entiende, la alimentación, aseo, descanso,o estilo de vida saludable, sino proveernos de actividades, de ocupaciones, de relaciones beneficiosas, mirar por nuestros intereses, saber qué necesito en cada momento, observarnos – escucharnos – sentirnos, aprender a relajarnos, actitud responsable en salud/enfermedad (toma de medicación, acudir a visitas médicas), ser conscientes de nuestras fortalezas, y muy importante, saber pedir ayuda.

 

Ante la enfermedad o síntomas de algún malestar existen diferentes posturas con las que tratamos de aislarnos, de evitar el dolor o gracias a los cuales no pensamos en lo que sucede, nos evadimos, como si no fuera algo que va con nosotros. En síntesis, nos descuidamos.

 

   Ejemplos “Frases de pacientes”:

Estas frases evitan que me centr en el momento presente, que piense en mis necesidades y las cubra, además de nublar mis emociones ante el malestar o la enfermedad, encerrándome en un estado de letargo o tristeza que me impide avanzar. Todo ello afecta e influye directamente en ese malestar o en la enfermedad. Son generadoras de ansiedad, de frustración y de miedo.

 

  1. ¿Por qué a mí? Culpabilizadora. Nos impide avanzar y nos frena, porque además es un callejón sin salida.

  2. El tiempo pone todo en su sitio. Evitativa. Creemos que es un elemento externo el que tiene el control sobre nosotros, sobre la enfermedad o malestar.

  3. Quisiera volver atrás en el tiempo.  Nos centramos con estas frases en los aspectos más negativos, además de ser prisioners de la cárcel del pasado. Sólo situandonos en el presente podemos avanzar. Cómo disfrutar del momento presente. 

  4. Sólo deseo no estar así. Desear y querer son verbos muy golosos, pero qué necesitamos?? En momentos de malestar es cuando más ayuda necesitamos y no podemos fallar como principal apoyo. Los demás no ayudan a alguien que no quiere ayudarse, además de ser difícil comprender lo que nos pasa o empatizar con nosotros desde este estado de huída.

  5. Ya no soy el que era. En todo momento estamos cambiando evolucionando, pero quizás nos percatemos en mayor medida cuando no podemos llevar el ritmo de etapas anteriores. Dentro del autocuidado hemos de valorar la capacidad de adaptación, de afrontamiento activo.  Afrontar, el esfuerzo que realizamos por adaptarnos al camino.

  6. Todo son complicaciones. No voy a entrar en los beneficios de sonreir ni obligaros a hacerlo con alguna frase en imperativo. Pero sí indicaré la distorsión que implica hablar de todo o nada, ver el mundo en blanco y negro perdiendonos todas las gamas de colores. La importancia de ver nuestras fortalezas, de redescrubrirnos en diferentes contexto, de saber qué hemos aprendido de la enfermedad o del malestar.

  7. La lista podría seguir con muchos más ejemplos de frases invalidantes, que nos frenan, coartan, cohiben, aislan, descuidan…

 Por otro lado el sentirnos identificados con algunas de las frases y ser conscientes ahora, puede ser un motor, una motivación que nos dirija hacia el autocuidado. Es primordial que nos situemos en el papel protagonista, que no cedamos nuestro control o decisión al tiempo, u otros elementos externos, que marquemos un nuevo ritmo de vida y busquemos ayuda si lo creemos necesario.

 

Todas estas frases tienen su contrapartida en versión positiva, desde el “yo me apoyo” y es importante encontrar la nuestra, adaptada con nuestras palabras que nos ayude a modificar la actitud, a mirar al presente de una manera más agradable y menos defensiva:

 

  • Sé que puedo afrontar y enfrentar esta situación.

  • He aprendido varias cosas de esta situación…

  • Tengo herramientas y recursos para seguir adelante.

  • Estoy encontrando mi propio ritmo, yo y mis circunstancias, lo marcamos.

  • Soy mi principal apoyo, y además cuento con …

  • Voy a relajarme, cada vez lo haré mejor.

  • Los pensamientos negativos no me ayudan, me frenan y me aislan.

  • ¿y las vuestras?

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga de la salud/clínica Ca-00818

Psicoterapeuta de familia y pareja

Responsable de Proyecto Acompasados

 

Para más información:

www.proyectoacompasados.com

proyectoacompasados@gmail.com

 

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