Archivo Mensual: Junio 2015

HABLEMOS DE SEXO ¿Cómo puede la enfermedad afectar las relaciones sexuales?

   

   Frecuentemente se asocian las enfermedades crónicas y las disfunciones o dificultades a la hora de mantener relaciones sexuales. Alterando sobre todo las fases de deseo y de excitación. Se pueden dar además problemas relacionados con la autoestima, altos niveles de ansiedad, y sobre todo síntomas depresivos. Los pacientes crónicos pueden sentir menor interés o no disfrutar los momentos de mayor intimidad de la pareja. Se debe al cansancio, la apatía, sintomatología depresiva, los dolores, rigidez, alteraciones del sueño o en el estado de ánimo en general, el tratamiento farmacológico, intervenciones quirúrgicas recientes, cambios en nuestro cuerpo,…

 

   Por otro lado, las enfermedades también pueden servir de excusa o como un buen argumento para que cese una actividad no satisfactoria, tediosa o que se mantiene como una obligación marital. Es un tema de conversación que se evita, una actividad que se retrasa.

    Hoy día, se sabe que un gran número de pacientes padecen alteraciones en el contexto sexual, aunque no se comuniquen abiertamente sobre ello, lo que complica la atención especializada y por tanto su adecuada normalización. Además, hemos de considerar las interferiencias que ejercen negativamente muchos de los tratamientos farmacológicos que se administran. Las respuestas sexuales se pueden ver condicionadas, en ese sentido, y la información favorece la calidad de vida positivamente, así como las relaciones sociales. De ahí, la importancia de tratar en las consultas todos los temas relacionados con la vida diaria de los pacientes, sin evadir el ámbito más intimo y personal. Ese reajuste debe de estar integrado en el plan de acción tras el diagnóstico.

 

    La comunicación con la pareja, las muestras de afecto, son la base para mantener activa primero esa intimidad, y segundo una vida sexual activa que nos acerque a la vida cotidiana que recordamos anterior a la enfermedad.

 

      En estos temas, como en otras problemáticas asociadas con la enfermedad se debe de dar un asesoramiento profesional especializado y dependiendo d ella dolencia padecida, pacientes ostomizados, coronarios, siempre tendiendo a las particularidades del enfermo y de su enfermedad. Tratando el tema con delicadeza pero con naturalidad. Además, no siempre se contará con una pareja o un compañero, sino que también podemos hablar de normalizar las relaciones sexuales esporádicas de una persona sin pareja fija.

 

Dos tareas al respecto:

A. Hablar con el médico: Sobre qué nos inquietudes, buscar consejo, cuáles son los efectos secundarios de la medicación… y un largo etcétera de incógnitas que se nos puedan presentar.

B. Hablar con la pareja: Explicando cómo se siente uno mismo y esperando a que él o ella haga los mismo. También es importante expresar cómo nos afecta la enfermedad. Pedir ayuda para buscar formulas que aumenten el interés puede ser clave. Hay momentos en que la falta de comunicación al respecto puede derivar en problemas de autoestima o retraimiento para la pareja.

 

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Porque a través de la conversación, salen a la luz los problemas, pero también las soluciones.

Publicado:21 Junio, 2015 | Comentarios: 0

Abrazando nuestros Miedos.

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La Real Academia de la Lengua Española define el Miedo como 

una perturbación angustiosa del ánimo por un

riesgo o daño real o imaginario”

o 

“un recelo que alguien tiene de que le

suceda algo contrario a lo que desea”.

 

   

    En nuestro caso, el miedo es una constante para los pacientes crónicos. En los momentos de mejoría, se siente un pánico real a que la situación empeore, una ansiedad por vivir con intensidad cada momento, por disfrutar con familia y amigos, por darlo todo. Pero por otro lado, en los peores momentos, también es protagonista al traernos a la mente los peligros de la enfermedad que padecemos, recordándonos la peor cara de unos síntomas que parecen acechar.

 

    Los miedos que se manifiestan, pueden provocar conductas obsesivo – compulsivas, que tienen un efecto altamente incapacitante en nuestras vidas. Nos bloquean, nos paralizan, evitamos relacionarnos con los demás. finalmente no es la enfermedad la que mantiene el control de nuestro cuerpo, sino el “temor” constante que sentimos, a que suceda algo incontrolable, al dolor, … a perder momentos esenciales de nuestra vida o de nuestra familia. Y en ocasiones, no será la enfermedad o el dolor la que no obliga a ello, sino el propio miedo.

 

¿Hasta que punto dejamos que nuestros miedos nos influyan, interfieran en el día a día?

¿De qué temosres hablamos? ¿A qué nos referimos cuando citamos a los “miedos”?

 

    Hemos de saber a qué nos enfrentamos. Reconocer y verbalizar el temor es el principio de una historia de superación y de armonía. Es la manera de evitar que eclipsen los momentos que deberían ser de felicidad, compartidos en familia, de oportunidad profesional,…

a) ¿Qué miedos sentimos? ¿A qué le tememos? El primer paso es verbalizarlo, compartirlo con alguien o escribir una lista con los aspectos que nos provocan ese bloqueo.

 

    Pero la esencia es abrazar nuestros miedos, entender lo que sentimos y poseer la máxima información posible al respecto, sobre la enfermedad, sobre cómo convivir con ella . La comprensión genera control, y nos enmarca en una realidad conocida.

b) ¿Cómo nos afecta ese temor? ¿Está relacionado con la enfermedad? ¿cuándo comenzó a manifestarse? ¿Qué evitas hacer por ese miedo? ¿cuándo te bloquea o te paraliza en tu día a día?

 

    Podremos convivir con la enfermedad y los síntomas de una manera más activa. Para ello, deberemos marcarnos pequeñas metas, muy concretas y precisas. Desarrollando así, estrategias de control, de dominación o de superación. Evitando el contacto con amigos o decidiendo quedarnos en casa en lugar de salir, el temor a que nos duela, a que no violente nuestro estado en público, evita también que nos relacionemos. Perdemos por partida doble. La meta en este ejemplo sería “participar” “compartir”. Elegir un momento, un día, una hora concreta para salir a dar un paseo con alguien, o aceptar un plan que nos hayan ofrecido en los últimos días. Y más en abstracto como frase interior podemos decirnos “Me permito disfrutar”.

 

Porque no es fácil evitar que el miedo te acompañe,

pero sí que el miedo decida por uno mismo.

Publicado:9 Junio, 2015 | Comentarios: 0

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