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¿Eres un apoyo para ti mismo?

Esta es una pregunta que hago habitualmente en talleres y en procesos terapéuticos de mayor intimidad. Cuando abordamos las dificultades que los pacientes describen para vivir el día a día, su rutina diaria, suelen indicar que precisan del apoyo o ayuda de los que les rodean. A lo que suelo añadir, que generalizando, las personas necesitamos el apoyo de los demás para crecer, para sanar, para lograr objetivos… pues somos seres sociales, relacionales.

 

Analizando los apoyos externos con los que contamos cada uno (familia, amigos, profesionales…), hay un elemento que nos cuesta poner en la lista, una persona en la que no pensamos a la hora de solicitar su apoyo o cuando valoramos nuestras necesidades. Estamos dispuestos a alzar la voz y gritar socorro a los cuatro vientos… pero, ¿¿¿y nosotros??? ¿¿¿Somos verdaderamente una figura de cuidado y apoyo para nosotros mismos???

 

Nosotros somos esa primera piedra que tan ceremoniosamente se coloca en una construcción. El primer cuidado que debemos de recibir es el propio, escuchando y atendiendo a nuestras necesidades y procurando bienestar. Si este inicio falla o sufre desatenciones, es posible que queramos compensarlo buscándolo en la atención y el cariño de los que nos rodean. de esta manera exigiremos su mirada, su protección o incluso su auxilio, en detrimento del que no nos concedemos a nosotros mismos.

 

Por auto-cuidado no sólo se entiende, la alimentación, aseo, descanso,o estilo de vida saludable, sino proveernos de actividades, de ocupaciones, de relaciones beneficiosas, mirar por nuestros intereses, saber qué necesito en cada momento, observarnos – escucharnos – sentirnos, aprender a relajarnos, actitud responsable en salud/enfermedad (toma de medicación, acudir a visitas médicas), ser conscientes de nuestras fortalezas, y muy importante, saber pedir ayuda.

 

Ante la enfermedad o síntomas de algún malestar existen diferentes posturas con las que tratamos de aislarnos, de evitar el dolor o gracias a los cuales no pensamos en lo que sucede, nos evadimos, como si no fuera algo que va con nosotros. En síntesis, nos descuidamos.

 

   Ejemplos “Frases de pacientes”:

Estas frases evitan que me centr en el momento presente, que piense en mis necesidades y las cubra, además de nublar mis emociones ante el malestar o la enfermedad, encerrándome en un estado de letargo o tristeza que me impide avanzar. Todo ello afecta e influye directamente en ese malestar o en la enfermedad. Son generadoras de ansiedad, de frustración y de miedo.

 

  1. ¿Por qué a mí? Culpabilizadora. Nos impide avanzar y nos frena, porque además es un callejón sin salida.

  2. El tiempo pone todo en su sitio. Evitativa. Creemos que es un elemento externo el que tiene el control sobre nosotros, sobre la enfermedad o malestar.

  3. Quisiera volver atrás en el tiempo.  Nos centramos con estas frases en los aspectos más negativos, además de ser prisioners de la cárcel del pasado. Sólo situandonos en el presente podemos avanzar. Cómo disfrutar del momento presente. 

  4. Sólo deseo no estar así. Desear y querer son verbos muy golosos, pero qué necesitamos?? En momentos de malestar es cuando más ayuda necesitamos y no podemos fallar como principal apoyo. Los demás no ayudan a alguien que no quiere ayudarse, además de ser difícil comprender lo que nos pasa o empatizar con nosotros desde este estado de huída.

  5. Ya no soy el que era. En todo momento estamos cambiando evolucionando, pero quizás nos percatemos en mayor medida cuando no podemos llevar el ritmo de etapas anteriores. Dentro del autocuidado hemos de valorar la capacidad de adaptación, de afrontamiento activo.  Afrontar, el esfuerzo que realizamos por adaptarnos al camino.

  6. Todo son complicaciones. No voy a entrar en los beneficios de sonreir ni obligaros a hacerlo con alguna frase en imperativo. Pero sí indicaré la distorsión que implica hablar de todo o nada, ver el mundo en blanco y negro perdiendonos todas las gamas de colores. La importancia de ver nuestras fortalezas, de redescrubrirnos en diferentes contexto, de saber qué hemos aprendido de la enfermedad o del malestar.

  7. La lista podría seguir con muchos más ejemplos de frases invalidantes, que nos frenan, coartan, cohiben, aislan, descuidan…

 Por otro lado el sentirnos identificados con algunas de las frases y ser conscientes ahora, puede ser un motor, una motivación que nos dirija hacia el autocuidado. Es primordial que nos situemos en el papel protagonista, que no cedamos nuestro control o decisión al tiempo, u otros elementos externos, que marquemos un nuevo ritmo de vida y busquemos ayuda si lo creemos necesario.

 

Todas estas frases tienen su contrapartida en versión positiva, desde el “yo me apoyo” y es importante encontrar la nuestra, adaptada con nuestras palabras que nos ayude a modificar la actitud, a mirar al presente de una manera más agradable y menos defensiva:

 

  • Sé que puedo afrontar y enfrentar esta situación.

  • He aprendido varias cosas de esta situación…

  • Tengo herramientas y recursos para seguir adelante.

  • Estoy encontrando mi propio ritmo, yo y mis circunstancias, lo marcamos.

  • Soy mi principal apoyo, y además cuento con …

  • Voy a relajarme, cada vez lo haré mejor.

  • Los pensamientos negativos no me ayudan, me frenan y me aislan.

  • ¿y las vuestras?

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga de la salud/clínica Ca-00818

Psicoterapeuta de familia y pareja

Responsable de Proyecto Acompasados

 

Para más información:

www.proyectoacompasados.com

proyectoacompasados@gmail.com

 

Publicado:10 febrero, 2018 | Comentarios: 0

Cómo disfrutar del momento presente.

Inmersos en una sociedad en la que parece abocado a desaparecer el individualismo en pro de la masa, de la indiferenciación, en la que notamos extrañas hasta nuestras propias emociones, incluso desconociendo cómo gestionarlas , no podemos olvidar que las personas seguimos estando presentes. El cuidado de cada uno, es síntoma de evolución y de crecimiento. Es por ello, que en este post os voy a hablar de “cómo disfrutar el momento presente”.

 

Hoy día, nos inunda el ritmo frenético, las prisas, las altas expectativas, los deseos de grandiosidad y de felicidad plena que no llegamos a alcanzar. Están presentes, el miedo ante el fracaso, el consumismo, el no conocer nuestras verdaderas necesidades y sustituirlas por productos o servicios, etc. Podría seguir enumenrando un sinfín de consecuencias que nos arrastran y que impiden que  nos observemos y conozcamos. Estas son causas de no disfrute.

 

Es lógico, no tenemos tiempo para ello. Cada día hemos de trabajar, atender responsabilidades, cuidar de la familia, responder llamadas o correos, pagar facturas, ir a la compra, comer, beber, dormir, hacer ejercicio… Qué tiempo nos queda para invertir en nosotros?? Qué tiempo nos resta para disfrutar, para vivir sin parecer robots tele-dirigidos??

 

Nuestra manera de entender el mundo, de buscar objetivos, de imaginar cómo disfrutaríamos, nos aparta la visión de lo verdaderamente importante. Todos y cada uno de los momentos que he descrito en la lista anterior, pueden ser de disfrute, experiencias agradables, recuerdos a coleccionar en ese mar de prisas sin pausas. A menudo nos planteamos como sería el fin de semana perfecto, qué visitaríamos, a dónde nos gustaría ir, con quién e incluso nuestro estado en esos momentos: risueño, de paz y calma, de alegría desbordante… Pero después nos encontramos ante días dominados por el mal tiempo, encerrados en casa o dando vueltas sin saber qué hacer, mortificándonos con la idea del descanso perfecto e inalcanzable.

 

Desde esa perspectiva es difícil contentarse, pues podría parecer conformismo con la vida que nos ha tocado. Lejos de esos pensamientos, lo que os propongo es abrir una puerta de entrada a la auto-observación, vivir cada uno de esos instantes descritos, como si no hubiese nadie más en el mundo que vosotros. Quizás la rutina diaria, pueda percibirse como carente de glamour, pero dejando nuestros sueños o frustraciones, pensamientos de futuro o rumiaciones de pasado, a un lado, vamos a disfrutar el ahora.

 

El ahora es un tiempo vivo, dinámico, en movimiento, y el que nos ancla a nuestra realidad, a nosotros. El pasado ya no está, ni nos puede alcanzar, aunque es cierto, que los recuerdos anidan en nosotros, y no únicamente como fuente de aprendizaje o nostalgia, sino en ocasiones aprisionándonos  e impidiendo que avancemos. Esta es una de las causas de no disfrute.

El futuro, y los continuos planes, pensamientos y gasto de energía que empleamos a diario en su organización, es otra causa de no disfrute.

 

“El simple vivir, puede transformarse en miles de experiencias”.

 

El primer paso para aprender a disfrutar es observar nuestra vida, cada capítulo, desde el momento del despertar, el desayuno, el vestirnos, asearnos,…hasta el momento de la siesta, un beso o el salir a caminar. Sin juzgarnos, sin apresurarnos, y sin pensar en que haremos después o que hicimos ayer, viviendo cada instante en su estado puro.

 

Esa suma de episodios experimentados a diario, es nuestra vida, y podemos sentir que no la estamos aprovechando, o que se escapa de nuestra manos. Sobre todo, si creemos que la lista de problemas es tan amplia o dolorosa que nos incapacita a la hora de sentir el disfrute. En esa lista puede entrar un despido, conflictos en el trabajo, ruptura sentimental o frecuentes discusiones en la pareja/amig@s, síntomas o enfermedad, falta de medios económicos, dificultades para tomar una decisión, recuerdos que nos persiguen…etc.

 

A pesar de ellos, por encima de ellos, seguimos estando nosotros, tratando de disfrutar. El cómo es el mismo, pero esos problemas irán menguando. Debemos tener en cuenta que la vida sigue siendo eso que se nos escapa entre conflicto y conflicto, lo que gastamos en rumiaciones, obsesiones, o días sin salir de casa.

 

La unión de todos esos momentos, para que sean de disfrute, debemos de ser nosotros. Nosotros activos y presentes en cada uno. Es preciso sentirnos, notarnos, percibirnos. Cómo voy a cubrir mis necesidades si ni siquiera sé qué necesito. Observarnos a nosotros mismos es la piedra angular del cuidado, y por tanto del disfrute y de los estados de tranquilidad que podemos alcanzar.

 

Somos capaces de transformar una lista de rutinarias actividades, en momentos de disfrute si nos hacemos conscientes de que estamos ahí. Notamos nuestra respiración, nuestra postura,  nuestra temperatura, cómo nos sentimos… Nos hacemos conscientes de los sabores, olores y sensaciones en cada uno de esos momentos. Esta es una manera natural, sin presiones de pulsar el botón de pausa de pensamientos y rumiaciones que nos absorben.

 

Pautas para disfrutar:

  • vivir en el momento presente, concentrándonos en cada actividad que realizamos.

  • observarnos.

  • no comparar con ideales.

  • sin juzgar, sólo observar.

  • actitud de curiosidad.

  • insistir en parar nuestros pensamientos, sobre todo de pasado y futuro.

  • captar cómo nos sentimos, puerta de nuestras necesidades.

  • concentrarnos en sabores, olores, sonidos de ese momento (sin decir si me gusta o no, sólo cómo me llega, qué me hace sentir).

  • sentir nuestro cuerpo, nuestra postura, temperatura.

  • intentarlo primero en momentos rutinarios como el desayuno, la ducha, un paseo.

  • estar ese tiempo con uno mismo.

  • primero en pequeñas dosis, sin frustrarno, pues la práctica es muy importante.

Ejercicio de iniciación: (1 minuto)

“Adoptamos una postura cómoda. Sentados, con piernas y brazos descruzados o tumbados sobre la espalda. La cabeza y el cuello deben estar en línea, pero sin presiones. Cerramos los ojos. Estamos en un espacio nuestro, percibiendo nuestra presencia, aprovechando para conectar nuestro cuerpo con nuestra respiración. Sintiendo la postura, el entrar y salir el aire de nuestro cuerpo. Damos la bienvenida al silencio unos instantes mientras seguimos percibiendo el aire entrar y salir a través de nuestro cuerpo.”

 

Este tipo de ejercición nos introduce en los conceptos antes explicados, prestando atención a lo que sentimos a cómo nos encontramos, a sensaciones, al margen de pensamientos o recuerdos, nos posiciona en el aquí y el ahora, activando una actitud de disfrutar del presente.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/ de la salud

Psicoterapeuta y responsable de proyecto

Para más información:

www.proyectoacompasados.com

proyectoacompasados@gmail.com

 

 

 

Publicado:21 enero, 2018 | Comentarios: 0

Felices Fiestas y balance del 2017

Cada año que concluye, realizamos un balance de lo vivido y experimentado. Pero muchas veces nos detenemos en la parte menos satisfactoria del mismo (conflictos, discusiones, enfados, temores, preocupaciones…) haciendo hincapié en los momentos de “mala suerte”, en los eventos más negativos, o no dejando ir instantes de dolor o de angustia. Por ello, os invito a realizar un balance diferente, una revisión positiva de nuestra evolución en este años:

 

  • De aspectos aprendidos.

  • De emociones y momentos compartidos.

  • De noticias inesperadas, sorpresivas.

  • De cambios que nos han ayudado a evolucionar.

Cambiando nuestra perspectiva y nuestra búsqueda de momentos en el 2017, también varía nuestro estado de ánimo y reflexiones sobre un año, al que seguro que no le han faltado capítulos para coleccionar.

 

Es por ello, que como cada año, os escribo para haceros llegar mis mejores deseos de salud, prosperidad y disfrute. Espero coleccionéis todos aquellos instantes intensos, bellos, sonrientes, … para que nos acompañen a lo largo del 2018.

 

¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

 

Publicado:20 diciembre, 2017 | Comentarios: 0

Afrontar, el esfuerzo que realizamos por adaptarnos al camino.

Muy lejos de las definiciones que habitualmente podemos leer sobre  la palabra “Afrontar”, está la que trabajamos en terapia, la que ponemos en práctica cada día las personas de a pie, la verdaderamente necesaria para adaptarnos a un mundo cambiante y variable.  Se modifican las condiciones, el contexto, van pasando las estaciones, sube y baja la temperatura, hay cambios vitales en nuestro transcurrir, experiencias que siguen fluyendo y que también nos alteran y nos impregnan. Nuestra manera de pensar cambia, como personas evolucionamos e incluso nuestra memoria se adapta a todas estas alteraciones constantes. Es por tanto, especialmente relevante que sepamos adaptarnos a estos inherentes vaivenes de la vida.

 

AFRONTAR, es el esfuerzo, cognitivo, conductual que realizamos las personas para hacer frente al estrés, a los cambios, a las demandas externas e internas, a los conflictos… en definitiva para adaptarnos al camino vital. Se trata de una predisposición para enfrentar las diversas situaciones de la vida, fruto de las múltiples experiencias que vivimos.

 

El tipo de acciones que llevamos a cabo con ese fin, la adaptación, el enfrentarnos a las novedades que se presentan, pueden ser adaptativa (promueven la salud y la adaptación a largo plazo) o desadaptativas (reducen el estrés puntualmente, pero tienen un efecto nocivo a largo plazo), teniendo en cuenta el tipo de estrategias utilizadas, y por lo tanto las consecuencias también serán diferentes.

 

Pero, ¿cómo decidimos qué hacer en cada momento? ¿por qué el esfuerzo es diferente? En un determinado momento evito o niego un cambio, miro hacia otro lado, y sin embargo en otra etapa diferente, lo hago frente, con actitud luchadora, buscando alternativas o reflexionando sobre lo sucedido. Existen multitud de opciones a la hora de afrontar un suceso, un cambio (un despido laboral, una enfermedad, una separación sentimental, que un hijo se independice, un emabarazo, una pérdida económica, un duelo de un familiar, una mudanza…etc).  Ante esos acontecimiento, aparecen respuestas de nuestro cuerpo, como el estrés (al sentirlas como amenzantes nos preparamos) y reacciones emocionales mediatizadas por un proceso de valoración. Comparamos con experiencias anteriores, rebuscamos en estados de ánimo relacionados, y valoramos anticipadamente y cognitivamente, ese cambio, pensamos en ello, le damos vueltas…

 

a) Valoración primaria (primer momento): consecuencias que la situación tiene para nosotros.

b) Valoración secundaria (segundo momento): si se percibe como amenaza o desafío, valoramos los recursos de que disponemos para evitar o reducir las consecuencias negativas.

 

Vamos viendo, hasta ahora, que el esfuerzo que hacemos a diario por adaptarnos, ya sea efectivo o necesitemos varios intentos, está relacionado con lo que hemos vivido hasta el momento en el que llega el cambio, con lo que pensamos, sentimos y con cómo actuamos. Es por eso, que ante un acontecimiento tal, nos decantaremos por una de estas opciones:

 

Afrontamiento Pasivo/Evitación: Son comportamientos y pensamiento de distanciamiento, de rechazo, como “mantengo la esperanza”, “disimulo cómo me siento”, “me resigno, pues me controla”, “mantengo la esperanza”, “me aislo”, “no pienso en ello”… Se trata de depositar en otro, que no seamos nosotros el control de la situación, como si la adaptación dependiese del exterior y no de nosotros y de nuestro propio esfuerzo para lograrlo. Por ello, las estrategias utilizadas en este caso son: renuncia, autodistracción, consumo de sustancias, negación, religión, autocrítica, descarga  emocional.

 

Afrontamiento Activo: Comportamientos y pensamientos de acción directa orientados hacia el conflicto, hacia la situación de cambio que por un momento ha alterado nuestras vidas, como “hablo de ello”, “busco ayuda”, “busco información”, “me intereso por como me siento y lo comparto”,… Y que se traduce en estrategias del tipo: planificación, búsqueda de ayuda familiar o profesional, humor, aceptación, reinterpretación positiva o apoyo emocional.

 

Mirar hacia nosotros, entender cómo nos sentimos, contemplarnos, mirarnos, y reflexionar al respecto, es el primer paso para el auto-conocimiento y el auto-cuidado, y por lo tanto una mejora en nuestra calidad de vida.

 

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta familiar/de pareja

Responsable de Proyecto Acompasados

www.proyectoacompasados.com

Publicado:10 diciembre, 2017 | Comentarios: 0

Nuestro punto de vista diseña el mundo que nos rodea

Hace tiempo escuché una frase, que se atribuye a diferentes autores, pero que llama mi atención por la profundidad de la misma: “Las cosas no son en si mismas, sino que dependen de nuestro punto de vista, dependen de cómo las vemos o las sentimos” o dicho de otra manera, “No vemos las cosas como son, sino como somos nosotr@s”. Esta frase incita a reflexionar, comenzando por ese nosotros que está implícito en ella, ese YO.

 

Si tod@s, mirasemos una misma silla y tuviésemos que hacer una descripción de la misma, podríamos coincidir en algunos aspectos, pero cada uno describiría una parte de la silla. Quizás unos mencionaran su color (no el mismo para tod@s), otros hablarían del estilo, de su funcionalidad, de su composición, de su estructura… pero al margen del objeto en si mismo que tendríamos delante, cada uno aplicaría su experiencia para describirla, es decir, sus recuerdos, sus vínculos, sus afectos… Esa mochila que muchos profesionales mencionan, y que llevamos con nosotr@s a todas partes, no es un mero simbolismo o una carga, sino un posicionamiento, que nos hace fijarnos más en las patas de la silla o el respaldo, en su comodidad o en su belleza. Si tan distintos, han sido, unos de un objeto más o menos objetivo y frío (depende de nuestro punto de vista) que pasaría si tuviésemos que hacer ese mismo ejercicio con una persona. Cómo la vemos, depende de cómo la miramos, de a través de qué lentes, de en qué momento lo hacemos, y no de la persona en si.

 

Hoy escuché a dos paciente hablando en la sala de espera. Uno advertía en el otro “qué mala cara tienes”. Enseguida, el que recibió el comentario se alertó, se fue a mirar al espejó y se preguntó a si mismo, ¿tan mal me encuentro que se me nota por fuera? Ante ese tipo de comentarios, nos preguntamos por nuestro aspecto, podemos incluso obsesionarnos por estar bien para los demás o en aparentar. Según mi análisis, debemos hacer hincapié en un detalle, ¿cómo se encontraba la persona que hizo ese comentario? Recordad la frase del inicio y volved a leer el ejemplo si teneis alguna duda.

 

Quiero decir, que en cualquier reflexión, una de las partes más importantes a analizar, es mi parte de responsabilidad, de influencia, mi auto-cuidado, lo que me atañe a mí. En este caso podríamos describirlo como mi Estado mental:

 

          – un estado de nuestra mente (de nosotr@s) en un momento y circunstancias

          determinadas, una reacción ante un  estímulo. Compuesto por: emociones,

          pensamientos, conductas, sensaciones, expectativas, motivaciones, relaciones,

          recuerdos, proyecciones de futuro…etc.

 

Por ejemplo: No sólo hablamos de sentir enfado (una emoción) , sino de los pensamientos con los que se relaciona, de nuestra actitud y la influencia de los otros. En este caso, podríamos hablar de un estado mental de enfado y desahogo, en el que me altero, creo que alguien se ha comportado de manera injusta conmigo y me desahogo soltando “sapos y culebras” por la boca.  El hecho de reconocer qué pienso, cómo me siento y me comporto, me ayudará a comprender mis relaciones con los demás, mi interacción en un mundo que voy diseñando según esos mismos estados, según me siento, y según lo veo.

 

Pero en todo par, como es el caso de las relaciones humanas, hemos de tener en cuenta,

un mínimo de dos puntos de vista, dos diseños del mundo, dos modos de sentir diferenciados.

 

Cuando analizamos, nos cuestionamos y reflexionamos sobre nuestro estado, sobre cómo nos comportamos en diferentes momentos, hay un dato que no podemos olvidar, estamos unidos a OTROS. No hay estado mental, estado de ánimo, pensamientos, emociones o conductas, en soledad, alejados de cualquier contexto. Se trata de estados, de respuestas ante un estímulo, ya sea propio, interno o externo, de reacciones ligadas a los estados de otras personas de nuestro alrededor. Ser capaz de identificar nuestro propio estado y el de los demás, así como las influencias mutuas se llama MENTALIZAR. Una capacidad a entrenar con diversas funciones, pero que sobre todo, nos ayuda a convivir, a entender, a reflexionar, y a cuidarnos.

 

Si retomamos la frase que nos trajo hasta aquí nos percataremos de su significado, ahora, con una mayor profundidad. Ni siquiera apreciamos los mismos colores, unos y otros, ni advertimos las mismas cualidades de una persona. Nos sentimos atraídos por lugares o sensaciones diferentes, dependiendo de lo que necesitemos, deseemos, o simplemente veamos o apreciemos en el otro. Incluso, cuando creo distinguir cómo se siente la persona que tengo al lado, lo hago desde mi propio diseño del mundo, desde mi punto de vista, teniendo en cuenta cuánto y cómo pesa mi mochila. Es por ello tan importante, atender a otros puntos de vista, comprender otros diseños, otras formas de pensar, pues nos abrirán la puerta a nuevas deficiciones y experiencias. Tengamos en cuenta que no podemos vivirlas todas, ni cometer todos los errores del mundo posibles para aprender, es por ello, que NOSOTROS y los OTROS, son una fuente experiencial de aprendizaje. Pues aprendamos y disfrutemos!!!

 

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica y de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta y responsable de Proyecto Acompasados

www.proyectoacompasados.com

Fuente imágenes: www.pixabay.com

 

 

Publicado:22 noviembre, 2017 | Comentarios: 0

Cómo comunicar el diagnóstico a nuestr@s hij@s – Guía de apoyo para familias

“Una guía práctica y explicativa, cuya función es el apoyo a las familias que conviven con el Síndrome de Noonan. Un material orientativo creado para ayudar a padres, madres y familias, en el inicio d ela comunicación, del diálogo con sus hij@s, sobre la enfermedad, sobre la enfermedad que padecen, mejorando su calidad de vida como pacientes, y por tanto, las relaciones familiares. sin perder la perspectiva de los más pequeñ@s, o la carga emocional de una labor delicada y necesaria, que implica a todo@s los miembros que componen cada familia en particular”.

 

 

 

Así comienza la presentación de un proyecto muy especial que hoy quiero compartir con vosotr@s. Un recurso de apoyo para familias, que nos mostrará cómo comunicarnos con niñ@s/jóvenes afectad@s por una enfermedad crónica. Aunque en esta ocasión hablamos de circunstancias muy concretas, pues se ha realizado en colaboración con la Asociación Síndrome de Noonan Cantabria, se pueden extrapolar la mayoría de los apartados de la guía para otras dolencias crónicas o circunstancias de falta de salud.

 

 

La comunicación es fundamental para adaptarnos a la nueva situación, para aceptar la enfermedad, para amortiguar los miedos surgidos y los pensamientos negativos, de las personas afectadas ( paciente y familia).

Es comprensible que los padres alberguen dudas sobre este tema. Hablar de la enfermedad con sus hijos son momentos a preparar, a planificar, y don muy relevantes para que los niñ@s comprendan la situación. La decisión la deben de tomar los padres (o personas responsables de los menores).

 

-Aprendiendo a comunicarnos.

-La enfermedad para l@s niñ@s.

-Comprensión de la enfermedad según la etapa de desarrollo infantil.

-Preguntas frecuentes.

¿Esnecesario hablar con mis hij@s?

-Cuándo, cómo, quién y qué debemos de explicar.

-Posibles reacciones de los niñ@s según su edad.

-Preocupaciones infantiles.

-Conversando con l@s herman@s.

-La respuesta emocional de la familia.

-Pautas generales para afrontar la situación.

-Cuándo pedir ayuda.

 

Estos son algunos de los temas tratados en profundidad, con ejemplos y pautas prácticas, desarrollados a través de 9 capítulos.

 

Uno de los moyivos de la elabración de esta guía fueron las diversas dudas que expusieron las familias en el III Encuentro Estatal de familias afectadas de 2016, además de estados de confusión que algunos padres refieren en consulta.

 

En muchas ocasiones los padres evitan un situación comprometida y dolorosa. Unas palabras que aportarán realidad a la situación diaria que viven al verbalizarla.

A menudo los padres esperan que sean sus hij@s lo que hagan las preguntas. Pero es posible que percibiendo la tensión que genera ese tema de conversación, también eviten sacarlo. En ese caso estamos ante la protección de sus hijos a los padres, tal y como han sido enseñados. Pero se debe evitar ese pacto de silencio y de protección mutua que impide la comunicación en el hogar sobre un tema tan importante.

 

El tiempo en este caso, no será un aliado, pues dificultará esa primera conversación. sobre todo debido a la gran imaginación de los niñ@, que percatándose de que sucede “algo raro” habrán cubierto los huecos de falta de información con fantásticas argumentaciones propias, historias creativas y que les han servido para entender lo que no había sido explicado. a veces nos amaparamos en su corta edad para no dar explicaciones, pero hemos de hablar con un lenguaje apropiado, siendo muy claros y cercanos, aportando lo que ellos puedan entender, adaptado a su madurez y necesidades.

 

Para personas o familias interesad@s, podéis descargar de manera gratuita esta guía, a través del siguiente enlace Descarla AQUÍ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde aquí, gracias a las familias inspiradoras, a l@s colaboradores y participantes que han hecho posible que esta herramienta vea la luz.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta

Responsable de Proyecto Acompasados

 

Publicado:13 noviembre, 2017 | Comentarios: 0

Experimentando el poder de la risa, como cuando éramos niñ@s.

“Riamos de manera sana, plena, natural, de un modo sencillo, como niñ@s”.

 

Conceptos como el humor o la risa son universales para el ser humano, y bien conocidos sus beneficios, sus aportes diarios en diferentes niveles: una tímida sonrisa, una mueca en el rostro, un gesto de felicidad, una sonora carcajada, o tener que sentarnos, llorar de risa. Desde una actitud desenfadada, de relax, que invita a iniciarnos en el juego mental del humor.

 

La Risa, como respuesta fisiológica se produce ante una estimulación externa o interna, descargando así la energía acumulada, sobre todo proveniente de estados emocionales. Íntimamente ligada a momentos de bienestar, de satisfacción o de disfrute. Una verdadera catársis emocional, un desahogo rutinario que vivimos y sentimos a diario, un precedente del lenguaje que potencia nuestra clasificación de “seres sociales y relacionales”.

 

Muy diferente es el efecto causado por una “risa falsa o forzada”, habiéndose estudiado cómo el cerebro es un detector implacable de la naturalidad y la frescura de nuestra risa. Es por ello, que quisiera, además de aportar los beneficios de esta sana respuesta, respetar su espontaneidad. Sirve como desahogo emocional o es capaz de ampliar nuestro punto de vista relativizando los conflictos, pero  debemos evitar enmascarar algunos emociones (tristeza, enfado, rabia, asco, miedo…) a través de la risa, o sentirnos “obligados a sonreír cada día”. Los mensajes sociales de los últimos tiempos parecen encaminados hacia esta disciplina de salir a la calle, de trabajar, de mirar a los demás o a uno mismo, “siempre” con una sonrisa. Como si sentirnos vulnerables, débiles o venirnos a abajo, no nos estuviese permitido. Como si dibujar esa mueca de felicidad en nuestro rostro fuera la panacea, el antídoto antiestrés. Tenemos derecho a sentir cada emoción libremente y a entender qué necesitamos en cada momento.  Sin censuras, sin obligaciones, conozcamos “nuestra risa” como una herramienta que podemos utilizar para mejorar nuestra salud.

 

Hace más de 4000 años ya existían en el antiguo imperio chino, templos de reunión para reír, con el fin de equilibrar la salud. Desde entonces, son muchos los autores y profesionales que han recomendado la risa como fuente de salud como  por ejemplo Aristóteles, F. Rabelais, R. Burton, Freud, W. McDougall o P. Adams, entre otros.

 

 

Motivos por los que la risa y el sentido del humor son una fuente de ayuda y de crecimiento personal:

 

  1. Es un elemento de comprensión de la realidad, pues nos ayuda a entender el mundo que nos rodea. Además de apreciar diferentes puntos de vista.

  2. Potencia la capacidad de  reflexión.

  3. Estimula la creatividad. Activa nuestra mente.

  4. Nos ayuda a controlar los conflictos, a aliviar las tensiones, mejorando las relaciones sociales. Mejora la comunicación entre las personas.

  5. Mejora nuestro estado de ánimo y nos impulsa a la actividad, al movimiento, al dinamismo. Siendo una fuente de motivación.

  6. Disminuye los niveles de estrés y dolor.

  7. Genera atracción sexual.

  8. Facilita las interacciones sociales, las conexiones con nuestros iguales.

  9. Podríamos resumir con este punto final  “Mejora nuestra salud“.

 

Rompiendo mitos:

 

-El sentido del humor o reírnos no son sinónimos de ridículo o falta de seriedad. Son un componente social, de aprendizaje, un elemento de comunicación y lector de la realidad.

 

-Falta de madurez. Todo lo contrario, es un síntoma de salud, desde que somos niños, y debemos aprender a crecer con su espontaneidad y plenitud, desarrollando esta herramienta de bienestar.

 

– Desconocimiento de efectos de la risa, y atribuirlo a falta de responsabilidad o pasotismo. La falta de información evita que nos beneficiemos de sus múltiples aplicaciones y la releguemos a un segundo plano.

 

– El buen humos no es sólo saber contar chistes o historietas. Es una actitud, un juego mental, un desahogo emocional y una necesidad de apartar determinados pensamientos de nuestra mente, de descanso, de liberación.

 

“La importancia de compartir la risa”.

 

El objetivo de la risoterapia es “recuperar nuestra risa interior”, una risa que desde bien pequeños fuimos desarrollando hasta ser limitada por la normativa social. Una expresión altamente beneficiosa, que nos influencia para situarnos en el presente, en el momeno actual, relativizando los conflictos e impulsando nuestro pensamiento positivo. Esa risa que potencia crecimiento , evolución y aprendizaje personales.

 

Geloterapia/risoterapia: Técnica psicoterapéutica que produce beneficios mentales, emocionales y psicosomáticos. Un complemento a las terapias tradicionales que consiste en disfrutar de la risa, sentir una risa plena y natural desde nuestro abdomen, muy similar a la experimentada en nuestra etapa infantil.

 

Áreas a trabajar desde esta metodología:

  • Autoconfianza, autoestima.

  • HHSS comunicación.

  • Equilibrio emocional, emociones, estados.

  • Niveles de estrés y ansiedad.

  • Relaciones.

Clases semanales de Risoterapia, los lunes de 17 a 18.15 h

en Calle Isaac Peral 4, Santander.

Últimas plazas disponibles.

Organiza Espacio Raíces y Proyecto Acompasados.

Información/Inscripciones en :  651.053.769 o a través de nuestra web.

 

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga de la salud – Psicoterapeuta 

Responsable de Proyecto Acompasados

www.proyectoacompasados.com

 

Publicado:17 septiembre, 2017 | Comentarios: 0

Beneficios de la risa.

 

Cuando reímos activamos cerca de 400 músculos de nuestro cuerpo. La risa mejora la respiración, el ritmo cardíaco, mejora la digestión, fortalece las conexiones sociales, las relaciones interpersonales. A través de una modalidad lúdica, disfrutamos de un entrenamiento beneficioso (corporal, emocional, relacional, cognitivo, psicológico), del que aprender y redescubrirnos.

 

La puesta en marcha de la risa o su utilización a través de talleres o, cursos o actividades es una técnica psicoterapéutica de gran ayuda. Se compone de ejercicios y dinámicas, técnicas para desdramatizar las dificultades del día a día, gimnasia de la risa, momentos de reflexión interna, estados de interiorización y relajación, además de un componente grupal que nos ayudará a establecer lazos de unión con otros semejantes a través de la risa, de su efecto contagioso y de la sensación de liberación, en un ambiente motivador y divertido. Gracias a ello, nos centramos en el momento presente, en el aquí y el ahora, evitando que nos invadan los pensamientos negativos o los estados de confusión.

 

El beneficio adaptado de la risa, a través de la “Risoterapia” es una Una modalidad terapéutica que nos ayuda a liberar las tensiones internas, a lograr una evolución personal, entrenando nuevas estrategias y habilidades, a través de la relativización de los conflictos, la descarga emocional, la relajación, la reflexión y el sentido del humor. Favorece el diálogo, la escucha activa. Potencia el pensamiento creativo. Mejora la comunicación. Fortalece la autoestima y desarrolla la empatía. Nos ayuda, además, a reducir estados de ansiedad y estrés, mejorando el estado de salud.

 

Beneficios de la risa:

– Mejora el sistema inmunológico.
– Favorece una actitud optimista.
– Funciona como analgésico.
– Mejora el rendimiento.
– Fortalece las relaciones.
– Regula el estado de ánimo.
– Reduce el estrés.
– Incrementa el estado de alerta.
– Potencia la creatividad.
– Mejora la memoria y concentración.
– Reduce miedos y frustraciones.
– Reduce la presión sanguínea.
– Fortalece músculos abdominales y espalda.
– Ayuda a quemar calorías.
– Favorece estados de relajación y distensión muscular.
– Alivia el insomnio.
– Ayuda a eliminar pensamientos negativos.
– Facilita la digestión, gracias al masaje interno que origina el diafragma.
– Mejora la capacidad respiratoria.
– Es una herramienta eficaz ante síntomas de depresión o ansiedad.
– Envía mensajes positivos al entorno cercano.
– Favorece la eliminación de colesterol.
– Libera emociones (…) .

 

 

 

Por estas razones os recomiendo el nuevo curso que ponemos en marcha este otoño, el 2 de octubre “Risoterapia”. Sesiones dirigidas  a personas que deseen impulsar un cambio en su vida, haciendo una lectura diferente de los conflictos, relativizando sus problemáticas, eliminando pensamientos negativos, reduciendo el estrés, fortaleciendo recursos personales y beneficiándose de una técnica psicoterapéutica de gran valor.

Lugar: Espacio Raíces. Calle Isaac Peral 4, bajo. Santander.

Fecha: Sesiones semanales de hora y cuarto de duración que darán comienzo el 2 de octubre.

Imparte: Victoria Sánchez Mújica – Psicóloga clínica /Psicoterapeuta familiar y de
pareja/ Mediadora. Ca-00818 Responsable de  Proyecto Acompasados – Atención psicológica.

Precio: 40 euros (mensuales).

Inscripciones: A través del teléfono 651-05-37-69 o del email espacioraices@hotmail.com

 

Os esperamos.  Inscripciones abiertas. Plazas limitadas.

Publicado:12 septiembre, 2017 | Comentarios: 0

Nuestra imagen a través del espejo. ¿Qué vemos? ¿Qué ven?

La apariencia física de una persona es la visión que los demás tiene de ella, cómo la perciben otros individuos. Sin embargo a diferencia de esa definición, la imagen o esquema corporal es el conocimiento o representación simbólica global que hacemos de nuestro propio cuerpo, es decir, es la manera en que nos vemos o imaginamos a nosotros mismos. Teniendo en cuenta para ello, aspectos perceptivos, cognitivos, emocionales y conductuales. Volcamos en este segundo concepto creado de nosotros mismos, qué sentimos por nuestro cuerpo, emociones asociadas, experiencias relativas o  cómo nos comportamos con él.

 

Por ejemplo, la pregunta ¿Cómo creo que me ven los demás? es obviamente complicada pero, basada en mi experiencia. Sigue estando relacionada con mi propia visión, con mi imagen corporal. A esta pregunta contestaríamos teniendo en cuenta lo que nosotros pensamos, influidos por nuestra autoimagen.

 

Dos conceptos relacionados, dos visiones sobre nosotros mismos, A) la imagen que contemplan los demás, y B) la que contemplamos nosotros, una construcción evolutiva. Dos realidades subjetivas, influenciadas socialmente, por la educación, por el contexto, la industria… y un largo etcétera. Relacionadas, y puede que no coincidentes en muchos aspectos o situaciones, y en otras muchas complementarias. Y ambas pueden conllevar una preocupación relativa a algún aspecto concreto, o sumar un interés patológico desproporcionado que desesncadene dificultades asociadas y una merma de nuestra calidad de vida. Pero, ¿cuál es la nota disonante? ¿en qué momento podemos hablar de desequilibrio, de preocupación en exceso?

 

Cuando la preocupación por el cuerpo y la insatisfacción con el mismo no se adecúan a la realidad, y ocupan la mente con intensidad y frecuencia, y generen  un malestar interfiriendo negativamente en la vida cotidiana“, es la definición de trastorno de la imagen que aparece en los manuales. Obviamente en mayor o menor medida, muchas personas pueden sentirse identificadas con algún síntoma a lo largo de su vida, o por unas circunstancias en concreto. Por ejemplo, evitar mirarse en el espejo, no reconocer su cuerpo, comportarse tratando de esconder u oculatr una parte de su cuerpo, exceso de conductas relacionadas con el ejercicio, no aceptar  nuevos cambios corporales …etc. Es normal que nuestro concepto sobre nosotros mismo varíe sobre todo en épocas de cambio como la adolescencia, adultez, períodos de envejecimiento, u otras etapas naturales a las que todos nos enfrentamos, o por circunstancias concretas como el diagnóstico y afectación de una enfermedad crónica, u otras de calibre más traumático.

 

Desde los dos años de edad, somos conscientes de nuestra imagen reflejada en un espejo, nos observamos, nos reconocemos. Las influencias que compondrán nuestro self, nuestra identidad vital ya habrán comenzado, y a esa edad se irá aportando información sobre nuestra imagen. Información que se irá sumando a lo largo de la vida, que en ocasiones irá variando, pues los conceptos que acabamos de explicar no son estáticos, sino que forman parte de un continuo, que están relacionados con nuestro estado de ánimo, circunstancias, experiencias vitales…etc. Y tendrán una influencia directa en la valoración que de nosotros mismos hacemos, en la Autoestima, un concepto a través del cual volcamos la autocrítica.

 

¿Alguna vez has hecho un comentario negativo sobre tu cuerpo?

¿Alguna vez has recibido un comentario negativo sobre tu cuerpo?

¿Te preocupa lo que otras personas piensen de ti?

¿Te valoras a ti mismo?

 

Ese área requiere un especial cuidado, saber lo que sentimos por nosotros, cómo nos vemos, cómo nos queremos, cómo nos comportamos con nuestros cuerpo. Un cuerpo, una imagen que a lo largo de nuestra vida ha estado sometido a cambios, a pruebas, a experiencias, a vivencias, a escrutinios propios y ajenos, a presiones sociales. Y que se traduce por tanto en una nota, en una valoración que en el momento actual aportamos sobre nosotros. Un criterio no objetivo, influenciado por diversos aspectos pero que marcará el trato que nos dispensemos, nuestra actitud en el caminar diario y por tanto también influirá en “cómo nos ven los demás andando por ese camino vital”.

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/de la salud Ca 00818

Psicoterapeuta familiar y de pareja

 

Nuevas fechas y nuevos talleres online para este verano: Solicita información en proyectoacompasados@gmail.com

 

 

 

Publicado:28 junio, 2017 | Comentarios: 0

¿Qué etapas viven los pacientes crónicos? De la respuesta de negación a la convivencia.

 Nuestras conductas de salud, de cuidado, de afrontamiento o por el contrario de desafío… irán parejos a lo que pensamos en cada momento de convivencia con la enfermedad y a las emociones sentidas. Por ello, es muy importante identificar lo que sentimos en cada momento, en cada fase de respuesta, desde las pruebas previas al diagnóstico, pasando por las citas médicas y en el período de adaptación.

 

La Primera Fase: la negación. (Lucha o evitación).
La primera reacción ante la noticia suele ser la negación, se piensa “no es verdad”, “esto no puede estar pasándome a mí”, “seguro que se han equivocado”. Una forma más ligera de negación puede ser minimizar el significado del diagnóstico (“no será tan grave”, no tomar la medicación o no volver a los controles son conductas relacionadas con la negación, con la huída). La negación es normal en un principio, pero no es sano quedarse en esta etapa. Llegar a aceptar la realidad de la enfermedad y sus consecuencias lleva tiempo, pues la aceptación debe ser conociendo la enfermedad y asumiéndola desde el punto de vista emocional. Tengamos en cuenta las características de cada enfermedad diagnosticada,  de cada sintomatología o de las circunstancias de las personas, de sus edades o momentos vitales en el momento del diagnóstico, así como los particulares tratamientos, que puedan implicar la falta de comprensión de la enfermedad o inseguridad.

 

Ejemplo:

¿Qué siento? Incertidumbre, miedo, importencia, incredulidad.

¿Qué pienso? Esto no me puede estar pasando, por qué a mí,…

¿Qué hago? No seguir el tratamiento, buscar información…

 

En ocasiones, lo que los pacientes trasladan en consulta es la falta de comprensión de los que les rodean, las múltiples preguntas a las que tienen que responder, las eqtiquetas sociales o la falta de información sobre su dolencia… Este tipo de cuestiones ralentizan el proceso de adaptación pues los pacientes pueden sumirse  en momentos de inseguridad, de incertidumbre, de desaliento… de falta de control sobre sus vidas o de cuestionamiento por parte de  los demás. (Recordemos el artículo “Con dos cucharadas de emaptía, por favor“).

 

En esta etapa de huída de la realidad, podemos pasar por diferentes estados, primero la incredulidad o el desafío, después el enfado o la rabia, y finalmente la negociación, momentos en que hacemos pactos con nosotros mismos tratando de mejorar. Un ejemplo de ello: Quizás esto me ha pasado por no cuidarme, así que a partir de ahora mejoraré mi alimentación y haré ejercicio.

 

Estos estados que favorecen el aislamiento de los pacientes, las dudas o confusión, el desaliento e incluso potencia el sentimiento de pérdida de control sobre la vida. Focalizamos nuestro enfado hacia el equipo médico, hacia la familia y/o amigos, e incluso hacia nosotros mismos. Los sentimientos de soledad, de incomprensión, de temor, desilusión… van apareciendo, además de la rabia, la desesperación, el desconsuelo o la angustia.

 

La Segunda Fase: el dolor.
El dolor, se manifiesta con rabia, ira, angustia o culpa. Cualquier conducta que intente evitarlas o bloquearlas no hará más que alargar el dolor. Los comentarios de familiares y amigos “hay que ser fuerte”, “tú puedes”, “necesitas distraerte”, aumentan la incomprensión acerca de la enfermedad, logrando que las manifestaciones del dolor del paciente afectado, no puedan salir a flote, dándole a entender que no tiene derecho a sentirse mal. Estas conductas y comentarios aumentan sus defensas y bloquean el proceso de asimilación. Por el contrario, compartir estos sentimientos pueden acrecentar la unión y facilitar el tan necesario apoyo familiar y social con respecto de la enfermedad. Por lo tanto es importante que el núcleo familiar y amigos se interesen por conocer de la enfermedad, acompañar al paciente en sus sentimientos. Y por tanto, que los pacientes no se aislen se permitan sentir y compartan ese dolor sentido.

 

 

Se trata de una fase en la las personas aprecian los cambios acaecidos en su vida, se entristecen al realizar comparaciones y al percatarse de que su estilo de vida o planes de futuro se han modificado. Es una fase en la que hemos de estar alerta por la aparición de síntomatología depresiva. Pero no deja de ser nuestra actitud, nuestras reacciones, lo que nos invade y conmueve, lo que verdadermente marca el camino a transitar, las paradas a realizar, y los cambios que nos quedan por experimentar.

 

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.  BUDA

 

La Tercera Fase: la adaptación. Mejorando la convivencia.
La adaptación del padecimiento, y del cambio que supone en la vida para el paciente crónico y su entorno.

Las adaptaciones sociales: cómo influye la enfermedad en la vida cotidiana de la persona, de la familia. Todos deben ajustarse lentamente a una nueva situación e incorporar en la vida cotidiana, unas nuevas necesidades que son parte de la enfermedad. Todo esto dependerá de las características la persona y el diagnóstico.

Las adaptaciones del paciente : cómo influye la enfermedad en la imagen que la persona tiene de sí misma. El afectado y su entorno, debe adaptarse a un nuevo sentido de sí mismos. El autoconcepto y la autoestima, pueden verse alterados, por ello debemos prestar especial atención en esta fase.

 

La aceptación no es resignación.

 

 

El último escalón es comprender que padecer una enfermedad es una circunstancia en la vida, y que implica una transformación de la persona y diversos cambios en nosotros y nuestro ambiente. Pero, con el tiempo, esta convivencia nos descubrirá fortalezas adquiridas, otro puento de vista sobre la enfermedad. Esta última frase ha sido reiterada en consulta por pacientes que conviven con su dolencia.

 

No hay un tiempo estipulado para transitar por las fases, para que cada paciente responda de una manera u otra ante la pérdida de la salud a largo plazo. Se trata de encontrar el ritmo propio, individual, adaptado a nuestras circunstacias, a la enfermedad, al entorno… Acompasándolo.

 

Sólo cuando la persona se estabiliza emocionalmente, con su enfermedad

y sus consecuencias, puede asumir su realidad y continuar viviendo con la enfermedad.

 

Victoria Sánchez Mújica

Psicóloga clínica/ de la salud Ca-00818

Psicoterapeuta familiar y de pareja

Responsable de Proyecto Acompasados – Atención psicológica

Publicado:13 junio, 2017 | Comentarios: 0

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