Archivo Mensual: Marzo 2015

Mejorando la comunicación con los demás. Entrenamiento Asertivo.

   La forma de interaccionar con los demás puede convertirse en una fuente de estrés. Entrenando o mejorando nuestras habilidades sociales, en concreto, la asertividad, podremos reducirlo, encontrando un equilibrio a la hora de relacionarnos con nuestros semejantes, sin agredir o ser agredido. Un medio para hacer saber lo que nos molesta y lo que necesitamos.

 

   Una capacidad especialmente importante para los enfermos crónicos a la hora de dialogar con los profesionales de la salud o hacer valer nuestro punto de vista como pacientes. También a la hora de comunicarnos con familiares y amigos y expresar lo que sentimos o necesitamos debido a la enfermedad que se padece.

 

   El desarrollo de esta capacidad ha demostrado ser efectiva en el tratamiento de la depresión y de la ansiedad derivadas de algunas relaciones interpersonales. Aumentando, por tanto, el nivel de relajación.PicsArt_1426437711514

 

      Las habilidades sociales son un conjunto de hábitos

(conductas, pensamientos y emociones) que aumentan

nuestras posibilidades de:

        •mantener relaciones satisfactorias.

        •sentirnos bien.

        •obtener lo que queremos.

       •conseguir que los demás no nos impidan lograr

       nuestros objetivos.

 

Técnicas para hacer frente a las críticas o comentarios molestos

1– Cuando recibamos una crítica, hemos de escuchar. Si tenemos dudas, pedir que nos aclaren lo que están explicando. Reconocer los aspectos con los que se está de acuerdo y manifestar tu desacuerdo con los puntos concretos de la crítica, aunque reconociendo el derecho de la otra persona a tener una opinión diferente o alternativa a la nuestra.

 

2– Al recibir una crítica, podemos solicitar que nos aporten más información, más detalles. Se busca así una mayor información y evitar discusiones.

 Ejemplo:

<< Has sido muy estricto con tu hermana, y ahora se siente dolida.>>

<< ¿En qué aspectos he sido estricto?>>

Así, podremos analizar qué hemos hecho, por qué nos hacen la crítica y cómo responder a las personas que la hacen, sabiendo actuar mejor en esas situaciones.

 

3– Cuando la crítica expuesta es injusta, podemos “aliarnos” con la persona que la manifiesta, haciendo comentarios exagerados que parecerán que das a entender tu acuerdo.

Ejemplo:

A) << Vaya lío que has organizado>>

<< ¡Claro, si es que soy un desastre! ¿No hago nada bien?>>

B) <<Qué mal te queda esa camiseta.>>

<< Es verdad. Es horrorosa y que queda de pena. Pero me la seguiré poniendo porque a mí me encanta.>>

 

4– En ocasiones las críticas tiene parte de verdad y hemos de reconocerlo o disculparte si fuese necesario. Requiere valor y fortaleza por nuestra parte. Además, hemos podido ocasionar un daño a la otra persona que deberemos reparar en la medida de lo posible. Además se debe dejar clara, la diferenciación entre unas malas palabras o un error por nuestra parte y que se nos tache de ser buenas o malas personas.

Ejemplo: << Me he equivocado, lo reconozco. Pero, sabes que normalmente no actúo así.>>

 

5– Podemos optar por la “indiferencia” ante críticas muy molestas o que tratan de dañarnos. Actuando como si no lo hubiéramos escuchado. Es complicado ser capaz de aguantar la presión, pues es posible que insistan, repitan el mensaje… en ese caso deberemos de contestar con un simple << Ya, ya.>> o <<¿Qué? Ah, sí.>>. Habitualmente, la otra persona desiste en su actitud crítica al percatarse de nuestra indiferencia.

 

6– Ante este tipo de situaciones no nos sentimos cómodos, nos tensamos y se complica que podamos responder como corresponde en cada caso. Por ello, los ejercicios de relajación son una opción para practicar habitualmente, ,lo que nos ayudará cuando se den estas situaciones de críticas. Una segunda opción es prepararnos mentalmente para determinadas frases o contextos que se nos puede presentar o practicar con ejemplos pasados en los que no actuamos de manera asertiva o nos vinimos abajo.

 

7– Es importante el desarrollo de un lenguaje corporal adecuado, que acentúe nuestro mensaje y complemente la comunicación con la otra persona.

    • Mantenga contacto ocular con su interlocutor. No bajar la vista o mirar hacia otro lado.

    • Mantenga el cuerpo erguido.

    • Hable de forma clara y firme.

    • No hable en tono de lamento ni en forma apologista.

    • Para dar mayor énfasis a sus palabras, utilice los gestos y expresiones del rostro, pero no en exceso, ya que podría transmitir agitación o contagiar nerviosismo.

8– A la hora de responder, debemos estar tranquilos, para que nuestro estado de ánimo, posiblemente alterado, altere a su vez nuestra opinión o manera de explicarnos. Es importante aplazar la citada respuesta hasta que nos encontremos calmados y capaces de hablar apropiadamente. De la misma manera, sea aplazará la conversación si la persona que nos habla parece enfadado o muy sensible, sin atender a la razón que haya causado su estado emocional o entrometerse.

Ejemplo: << Hablamos de un tema problemático entre nosotros. Sería mejor que lo tratásemos mañana.>>

<< Estamos cansados, la discusión se nos puede ir de las manos. No quiero decirte algo que lamente mañana. Quizás no sea tan importante como para enfadarnos.>>

 

9– Otras estrategias pueden ser:

    • Desplazar el foco de atención haciendo ver cómo nos sentimos.

    • Responder positivamente a la crítica hostil.

    • Aparentar ceder terreno sin cambiar la postura.

    • Repetir su punto de vista con tranquilidad, sin dejarse influenciar por aspectos irrelevantes.

Publicado:25 Marzo, 2015 | Comentarios: 0

Y la enfermedad le sobrevino siendo bien pequeño… Afrontamiento parental.

 

      Una de las experiencias más difíciles para unos padres es afrontar que su hijo padece una enfermedad. En este caso hablamos de enfermedades crónicas con las que se puede convivir, aunque no resta dureza a la situación que han de vivir. Los sentimientos que les caracterizan  y  acompañan a flor de piel, son los de impotencia y pena. Se desmoronan los planes de futuro o las expectativas que podían haber creado para con su hijo o su familia. En muchos casos, la dolencia conlleva un deterioro físico o cognitivo, o incluso una discapacidad, lo que entorpecerá aún más, en un principio, la aceptación de los padres y el no entendimiento del niño.

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          Lo descrito, son aspectos que influirán en la vida cotidiana de la familia pudiendo generar conflictos, discusiones o tensiones, entre padres e hijos. Se pueden plantear, incluso, perspectivas o actitudes diferentes ante la enfermedad, entre la madre y el padre, o entre los padres y los hijos. Por ello la información y la comprensión sobre la enfermedad es vital y capacitante para unos padres que deberán sentir el control de nuevo, sobre su familia, sobre ellos mismos. Asumir los cambios que se van a producir y seguir llevando el timón, son tareas complicadas, que en muchos casos requieren de ayuda especializada, de orientación o apoyo psicológico. 

 

          Por ello, hoy os queremos presentar el “semáforo del afrontamiento”, con algunas pautas para padres, que mejoren esos momentos, y con ello su calidad de vida y la de sus hijos. Porque a veces, la enfermedad, emborrona momentos importantes y debemos tener claro, cómo actuar, cómo hablar con los más pequeños, y seguir adelante.

 

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Guía de afrontamiento para padres. Cuando un niño padece una enfermedad crónica hemos de tener en cuenta las siguientes pautas.

 

Publicado:10 Marzo, 2015 | Comentarios: 2

CRECIENDO JUNTOS, LA ENFERMEDAD Y YO. Las dolencias según la etapa de desarrollo.

 

     Toda persona recorre a lo largo de la vida diferentes etapas a diferentes edades, transiciones o ritos de paso. Desde la psicología hablamos de ciclo vital, como un proceso evolutivo esperable de la persona (desde que salimos de nuestra familia para crear la nuestra propia,) o de la familia (desde que se forma, hasta que sus miembros comienzan a volar solos). Son momentos que marcan principios y finales. Y en muchas ocasiones, viven en compañía de una enfermedad, marcado en el inicio por una crisis leve o severa que deberemos superar, para lograr proseguir con nuestro ritmo de vida y el de nuestra familia.

 

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      Pero, ¿cómo vivenciamos la llegada de la enfermedad en esas diferentes edades? En la infancia, en la adolescencia, en la edad adulta,… Las tres etapas más significativas en la vida de una persona, que marcan su desarrollo personal y evolutivo, y que nos sirven de guía a los profesionales. Convivimos de manera bien distinta con la enfermedad siendo niños, adolescentes o adultos, siendo influenciados por creencias acordes a la edad y percibiendo aspectos diferenciados en cada etapa.

 

      El desarrollo de la dolencia implica un cambio en las expectativas y los objetivos a  cumplir de la persona afectada, así como de su familia y su pareja.

 

– Siendo niños – Necesitan seguir con su desarrollo, relacionarse con sus semejantes. No deben de ser aislados o sobreprotegidos. Precisan una explicación clara y concreta, adecuada a su edad, pueden sentirse confusos. La actitud de los padres en esta etapa es primordial, pues se la trasladarán a los hijos. Suelen sentirse impotentes y muy afligidos. Debe construirse un espacio para hablar de la enfermedad y planes de futuro accesibles, sin entorpecer la progresiva autonomía de los niños.

 

– Siendo adolescentes – A esta edad, el concepto social o la imagen propia son muy relevantes, y se pueden ver afectado por el padecimiento de la enfermedad. Temen perder ese inicio de independencia tan protagonista a estas edades, o la falta de actividades o relaciones con sus amistades, debido los síntomas o el deterioro consecuencia de la dolencia. El “primer amor” adolescente es otro punto débil, por lo que debemos animarles a llevar una vida lo más normal posible y tener un espacio en la familia para dialogar sobre lo que sienten y viven como adolescentes y como pacientes.

 

– Siendo adultos – Súmamente importante la independencia de la persona y lograr su emancipación, conviviendo con la dolencia. Tendrán que afrontar nuevos capítulos como la necesidad de trabajar, desarrollar su profesión y mantenerse económicamente o la llegada de nuevas responsabilidades y experiencias, como ser padres o su propio envejecimiento. Los conflictos en el ámbito íntimo también son una preocupación, y en algunos casos coartando la búsqueda de una pareja o el mantenimiento de relaciones personales.

 

    Aunque el punto en común a cualquier edad es “la falta de energía” y “la sensación de pérdida de momentos importantes de la vida”. Es por tanto, comprensible, que en momentos de mejora o alivio de los síntomas, según la enfermedad, se quiera recuperar el tiempo perdido. A largo plazo, las familias, pueden haber cancelado planes, proyectos de futuro, postergado ideas, suspendido tareas o actividades, a fin de buscar unirse más con la persona que enfermó, sobre todo en edades tempranas en las que se fusionan casi por completo con el niño o adolescente. Una actitud positiva y enriquecedora para todos en esta situación es compartir responsabilidades, ceder un espacio para el diálogo y optar por una actitud flexible.

 

    Además de las etapas descritas, nuestro desarrollo se divide en fases o momentos según las vivencias y los cambios marcados por el entorno, nosotros y nuestras relaciones. No estamos marcados exclusivamente por fechas, cronologías o etapas evolutivas. Hemos de considerar los acontecimientos destacados y cómo influyen en la evolución de la enfermedad recíprocamente, como una nueva pareja, tener o no una estabilidad laboral, el nacimiento del primer hijo, o la pérdida de un ser querido,… son episodios de vida que también incidirán en el desarrollo de la persona y su evolución.

 

Y continuará así, a través de los años, al compás de la vida,

la evolución de persona, enfermedad y familia.

   

Publicado:3 Marzo, 2015 | Comentarios: 0

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