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Pautas para mejorar la comunicación en la pareja.

 

     La enfermedad puede producir cambios en las parejas, en dos direcciones bien diferenciadas. Uno, el distanciamiento o el deterioro, y dos, una oportunidad para que la relación crezca y se afiance. En primer lugar, la dolencia, debe de incorporarse junto con un nuevo estilo de vida que afectará a los dos miembros de la pareja, lo que provocará altibajos, conflictos o tensiones. Es importante, ceder un espacio aún más amplio a la comunicación con la persona que nos acompaña, pareja, compañer@ o cónyuge, para rebajar estas tensiones y poder hablar  de preocupaciones, sentimientos… Por ello, hemos querido reflejar unas pautas sencillas  que nos ayudará en este esfuerzo común que debemos llevar a cabo por el bien de la relación.

 

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Publicado:15 febrero, 2015 | Comentarios: 0

LOS CUIDADOS MEJOR SENTIDOS – Reconociendo el valor de nuestros cuidadores.

Cuidar, apoyar, acompañar, sostener, ayudar, 

cobijar, mediar, colaborar, guiar, proteger, proporcionar, dedicar,…

 

.Manos - Cuidadores

 

      La experiencia de cada cuidador es única y son muchos los aspectos a valorar y que la compondrán como una vivencia diferente en cada ocasión. Las variables que inciden especialmente, son las que atienden a la enfermedad, a la persona afectada, a la familia, y a los profesionales que le atenderán. El cuidador dedicará tiempo y esfuerzo a unas tareas muy precisas de manera complementaria o principal según lo citado. En muchos de los casos no se ha previsto ser cuidador y no se ha podido planificar ni organizar la tarea, acompasándola con el antiguo estilo de vida. Desde el inicio, no se midió el margen temporal que se dedicará a ello o la evolución progresiva, los cambios, empeoramiento repentino, o los episodios que pueden darse. Otra dificultad añadida es la integración de estas actividades en su estilo de vida o en los aconteceres diarios. Las personas que cuidan de nosotros tendrán dificultades, pero no tendrán una atención , determinada para sobrellevar su nueva responsabilidad. El grado de atención o dedicación también es variable, pero siempre protagonista renovado en su quehacer diario. Desde las preocupaciones y deveslos, hasta el acompañamiento, o la supervisión, tareas de enfermería o de administración.

 

Cómo lo afrontan según su parentesco:

 

+ Si el cuidador es nuestra pareja: Cambiarán los roles, se modificarán planes de futuro y las relaciones interpersonales, existirán sentimientos ambivalentes y se reajustará la vida social de la pareja o matrimonio. Exige una adaptación constante y puede implicar tensiones en la relación, derivados del cuidado. La relación puede ser cada menos recíproca y el cuidado invadirá aspectos de su vida íntima, de su vida sexual. Hemos de estar atentos a los cambios y diferenciar espacios en los que compartir cuidados y espacios en los que compartir nuestra intimidad.

 

+ Si el cuidador es nuestro hijo/a: El vínculo natural entre padres e hijos promueve esta disposición. Años atrás el cuidado era inverso, y al producirse este cambio, el impacto emocional les acercará a preocupaciones por sus propios cuidados en un futuro, y reflexiones sobre la llegada de un final, no tan lejano. Es importante la inversión de roles que se produce, se vuelven plantear planes adaptados para un futuro y las relaciones establecidas en la familia. Se producirán sentimientos ambiguos, debiendo efectuar ajustes en la vida social y laboral de los cuidadores. También se darán cambios en su propia unidad familiar reorganizando el tiempo y atendiendo necesidades propias. La lealtad y la fidelidad a nuestros progenitores nos guían en este caso. Los sentimientos de gratitud son bastante fuertes, debido a los lazos familiares.

 

+ Si el cuidador es nuestro padre/madre: Este es uno de los casos en los que el impacto emocional es muy alto, regresando a etapas que creíamos ya pasadas, que ya habían dejado atrás, modificando como en los casos anteriores los objetivos de futuro, efectuando ajustes en la vida social. Sentimientos encontrados y nuevas formas de relacionarnos con nuestros padres. Las preocupaciones acerca del futuro de los hijos invaden esta etapa. Sensaciones de impotencia y frustración que protagonizan los cuidados y en ocasiones, invasión de responsabilidades ajenas, lo que provocará sobrecargar en los cuidadores y menosprecio en los “cuidados”.

 

     Desde el inicio, nuestros cuidadores, nos acompañan por el camino que marca la sintomatología. Nos dan de la mano ante el diagnóstico y permanecen a nuestro lado junto a los tratamientos, los cambios y la evolución. Su labor de apoyo y sostén es primordial para cualquier doliente crónico. Son parte afectada y debemos considerarlos en el proceso. Ellos sienten esa enfermedad, reflexionan sobre lo sucedido, altera sus vidas y sufren al contemplar las consecuencias para nosotros y para ellos mismos. Es importante destacar su papel y su estado al hablar de enfermos crónicos, por lo que significa el concepto de familia en la actualidad. Un núcleo de aprendizaje y crianza que no cesa en sus cuidados ante nuevas fases de la vida, como es la enfermedad.

 

     Nuestros cuidadores requieren una atención especializada, pues se someten al estrés físico, emocional y financiero. Sienten tristeza, indefensión, ira, culpa, miedo, preocupación, ansiedad… sentimientos semejantes a los experimentados por los enfermos crónicos. Son un claro reflejo de nuestro malestar, pero también de nuestro bienestar.

 

Es posible crecer juntos, aprender a convivir con los cuidados

y con un nuevo ritmo de vida.

Publicado:19 enero, 2015 | Comentarios: 0

¿Cómo saber si el estrés está afectando a nuestra salud? – Test de nivel de estrés

Este test es una herramienta orientativa que le servirá para

conocer cómo le afectan las tensiones del día a día y los

elementos negativos derivados de las presiones cotidianas.

Este método le proporcionarán datos sobre su nivel de estrés 

 y qué puede hacer para enfrentar la situación.

Es importante que sepa que a través de este test se miden algunos

niveles de estrés de manera generalizada, no personalizada.

 

Esperamos sea una experiencia satisfactoria.

Gracias por confiar en nosotros

 

*.– A continuación se muestran tres tablas con diferentes síntomas. Léalos con calma. Marque con una cruz los recuadro que correspondan con  la frecuencia  que ha experimentado de los síntomas epecificados.  

 

   – Ocasionalmente refleja una incidencia de varias veces al mes.  Son síntomas que aparecen de vez en cuando, de manera intermitente.

   – Muy a menudo refleja una incidencia de varias veces a la semana. Son síntomas con una alta frecuencia y se notan habitualmente.

 

SÍNTOMAS FÍSICOS

Nunca

Ocasionalmente

Muy a menudo

Dolor de espalda

Fluctuaciones en el peso (pérdida o exceso)

Dolores de cabeza

Problemas respiratorios (garganta irritada

Problemas de estómago (diarrea, estreñimiento, gastritis, úlceras,…)

Dolores de pecho

Otros dolores no explicables

SÍNTOMAS CONDUCTUALES

Nunca

Ocasionalmente

Muy a menudo

Problemas en la alimentación. No tiene tiempo para comer o come muy deprisa

Fuma en exceso

Toma bebidas alcohólicas

Toma calmantes o psicofármacos

Huye de relaciones personales

Culpa o ridiculiza a los

demás. Se muestra crítico

Se cree una víctima o siente que se

aprovechan de usted

Le irritan o alteran las personas que le rodean

Sufre accidentes o lesiones habitualmente

SÍNTOMAS COGNITIVOS

Nunca

Ocasionalmente

Muy a menudo

Le cuesta trabajo concentrarse

Le abruma el trabajo

No tolera los ruidos

Se distrae con facilidad

No puede quitarse una idea de la

cabeza y está siempre preocupado

Se siente deprimido, sin aliento

>o desesperanzado

Tiene pérdidas de memoria

Elude sus obligaciones

Le cuesta trabajo tomar decisiones

Siempre está rígido y no consigue relajarse

Mida aquí sus resultados:

 

Si la mayoría de sus respuestas son “NUNCA:

El estrés no le afecta a grandes rasgos. Es usted capaz de canalizar las tensiones diarias y evitar las consecuencias físicas y psicológicas que provoca el estrés negativo. Enhorabuena, pero no deje de prestar atención a los síntomas reflejados en las tablas anteriores.

 

>Si la mayoría de sus respuestas son “OCASIONALMENTE:

El estrés le afecta negativamente en niveles medios. Es importante que esté atento a la evolución de los síntomas que ha destacado en sus respuestas como ocasionales. La influencia del estrés en su salud es incipiente. Existen algunas técnicas y pautas que le pueden ser de utilidad para canalizar las tensiones y evitar la incidencia que le provocan física y psicológicamente, como la relajación, mejora de gestión del tiempo o el estudio de sus hábitos.

 

Si la mayoría de sus respuestas son “MUY A MENUDO:

Las consecuencias del estrés repercuten en su salud en niveles altos. El primer paso es conocer cómo le afecta, para después tratar de poner una solución. Necesitaría una atención más personalizada y adecuada a su sintomatología concreta, estudiando sus hábitos y poniendo en práctica pautas y técnicas que mejorasen su situación. El estrés es una constante en nuestras vidas y existen métodos eficaces a nuestro alcance para poder mejorar nuestra calidad de vida. Revisa nuestra bibliografía y encontrarás información al respecto.

 

Para más información puede ponerse en contacto con nosotros a través de las vías de contacto señaladas. Podremos indicarle pautas y técnicas que pueden favorecer su calidad de vida dependiendo de sus resultados.

www.proyectoacompasados.com

proyectoacompasados@gmail.com

Facebook  – Proyecto Acompasados

Twitter – @Acompasados

Publicado:5 enero, 2015 | Comentarios: 3

Y lo que opinen los demás, … no está de más.

 

“Los que sufren no son los cuerpos, son las personas.”

E. Cassell

 

    Una de las problemáticas asociadas al padecimiento de una Enfermedad Crónica, es el punto de vista de la sociedad. Un aspecto, que definirá nuestra postura como enfermos en el entorno social. Cómo seamos identificados, puestos a prueb,a o por el contrario comprendidos, marcará la diferencia de nuestro concepto de “enfermos”. Hoy día, hemos de considerar como prioritario el informar a nuestro entorno de la dolencia que padecemos, favoreciendo con ello la cercanía a unos síntomas que para muchos, pudieran ser hasta el momento, desconocidos. Promoviendo la comprensión entre amigos, compañeros de trabajo o de actividades, lograremos visibilizar las enfermedades crónicas.

 

     La aceptación social es un paso adelante en la mejora de la calidad de vida de los afectados y de sus familias, elevando su sensación de comodidad, de adaptación e integración social. Asumir la convivencia, el equipo que forman los afectados, “ Persona – Enfermedad”, es lograr entender unos síntomas, una manera de vivir y de sentir, e incluso, en ocasiones unas desventajas que sufren habitualmente.

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    Son muy diversas las patologías a las que nos podemos referir, pero todas ellas tienen un punto en común, los efectos a largo plazo que no sólo afectan a su salud, sino a sus ambientes más íntimos y personales, como las relaciones con sus semejantes.

 

    El destierro del rechazo, de la exclusión o del aislamiento social, debe de ser una labor primordial. No olvidemos que somos seres que nos desenvolvemos esencialmente en grupo y, en muchas ocasiones, los síntomas de nuestra enfermedad nos alejan de la actividad, nos apartan de la zona de acción, ya sea a nivel personal o profesional, lo cual puede acrecentar la gravedad de la misma.

 

    Las consecuencias a nivel psicosocial para los afectados y su contexto de apoyo, son, entre otras, estados depresivos, incremento de los conflictos en el hogar, aumento del nivel de estrés, sentimiento de culpa, automarginación, ansiedad, incertidumbre, aislamiento, pérdida del trabajo, absentismo escolar, falta de ayudas sociales, y por lo tanto, de recursos económicos de la persona.  El miedo y la apatía son estados envolventes y constantes ante la influencia de la opinión pública. Las repuestas o reacciones de conocidos, de un jefe,… son presiones contínuas que nos obligan a callar, a mantener recluídos en el ámbito de lo privado, nuestros dolores o malestares.

 

    La mirada de una sociedad evidencia la mirada de todos nosotros hacia un colectivo, hacia los demás, y decide a veces, imprudentemente, conductas reprobables de exclusión o indiferencia, sobre todo, ante problemáticas desconocidas, como muchas Enfermedades Crónicas. Los profesionales hemos de empatizar con la exposición pública, con las actitudes generadas a través del miedo o de la desinformación, en la población general, pues son factores implicados en el sentir de los pacientes.

 

    Es importante rescatar a protagonistas en esta gran labor somo son , las asociaciones de pacientes, los grupos de apoyo, los profesionales sanitarios, además del indiscutible papel activo y luchador de los propios enfermos y de sus círculos de confianza.

Publicado:24 noviembre, 2014 | Comentarios: 2

La pérdida crónica de la salud. Una nueva realidad.

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      La OMS define la salud como el estado de completo bienestar físico, psíquico y social, y no meramente la ausencia de enfermedad.

 

 

     Se entiende, por tanto, una relación entre la salud, y la calidad de vida. La pérdida, ausencia o desmejora de nuestro estado de salud, a consecuencia de una enfermedad, vulnerará nuestra calidad de vida. La percepción sobre nuestro estilo de vida, sobre cómo nos veíamos a nosotros mismos, se modifica ante esta nueva realidad. Padecemos una enfermedad crónica. Inmediatamente se nos viene a la cabeza las múltiples consecuencias negativas de la pérdida de la salud. Pero “ser enfermos” y “estar enfermos” son situaciones diferentes a las que nos podemos enfrentar. La manera en que nos enfrentamos o el prisma desde el que miremos cara a cara a la dolencia indicará nuestra postura con respecto a la enfermedad. Marcará por tanto, el nivel de calidad de vida que sentimos en el día a día. Ser o estar, son verbos que indican cómo nos adaptamos a esta nueva realidad.

 

 

Hablar de calidad de vida es hablar del equilibrio entre expectativas, esperanzas, sueños y realidades conseguidas o asequibles. Una buena calidad de vida se expresa habitualmente en términos de satisfacción, contento, felicidad, y capacidad para afrontar los acontecimientos vitales, a fin de conseguir una buena adaptación o ajuste. En general, la enfermedad, y en concreto la crónica, y su tratamiento, o sus secuelas, modifican nuestras metas, nuestras expectativas o esperanzas”.

Calman, 1987

 

     Pero, ¿qué podemos hacer para mejorar nuestra calidad de vida? Según la APA (Asociación Americana de Psiquiatría), estas son algunas sugerencias que nos ayudarán a sobrellevar y normalizar la situación con la que convivimos, la enfermedad que padecemos:

 

Mantener relaciones sociales. Establecer y mantener relaciones de calidad con amigos y familiares. Son de interés los grupos de apoyo que algunas asociaciones o consultas clínicas crean, compuestos por otras personas que experimentan desafíos parecidos al suyo. Estos grupos cumplen una doble función contribuyendo al bienestar personal y ofreciendo oportunidades para ayudar a semejantes.

 

Cuidar de uno mismo. No permitir que las preocupaciones por la enfermedad interfieran con su alimentación, su descanso, sus horas de sueño, los momentos de diversión o altere sus hábitos.

 

Mantener una rutina diaria de trabajo, labores, tareas domésticas y ocio o tiempo libre, en la medida de lo posible. Esto le brindará un sentimiento de estabilidad dentro del descontrol que siente y la incertidumbre que caracteriza a la enfermedad. Asimilar nuestra dolencia nos proporcionará otra percepción sobre lo que vivimos a diario y por tanto, mejorará nuestra calidad de vida. Para ello es primordial la información, la asistencia, o la atención integral.

 

       En conclusión, una nueva realidad la marcará el diagnóstico, pero también podremos matizarla nosotros desde la sensación de control y la aceptación del padecimiento.

 

Seguiremos hablando al respecto en posteriores artículos…

Publicado:10 noviembre, 2014 | Comentarios: 0

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